El panorama de la música popular argentina celebra el regreso discográfico y escénico de uno de sus máximos exponentes. Tras nueve años sin publicar material de estudio desde el lanzamiento de El Tren, el guitarrista y compositor Luis Salinas vuelve al ruedo con una propuesta integral que sintetiza su versatilidad, su historia personal y la riqueza estilística que lo ha caracterizado a lo largo de más de cuatro décadas de trayectoria.
La cita principal tendrá lugar el jueves 14 de marzo a las 21:00 horas en el renovado Teatro Presidente Alvear (Av. Corrientes 1659). En este histórico espacio cultural de la Ciudad de Buenos Aires, Salinas desplegará el repertorio de Hay que seguir, una ambiciosa obra conceptual integrada por cinco discos independientes que abarcan desde el solo de guitarra y el folclore hasta el latinjazz y el ámbito familiar.
Nacido en Monte Grande y criado en Villa Diamante, Salinas es reconocido internacionalmente por su capacidad para transitar con absoluta fluidez por el tango, el folclore, el jazz, el bolero y los ritmos latinoamericanos. A lo largo de su carrera ha compartido escenario y grabaciones con figuras universales de la música como B.B. King, Scott Henderson, Hermeto Pascoal, George Benson, Mercedes Sosa y Luis Alberto Spinetta, cosechando elogios unánimes por su sensibilidad y técnica interpretativa.
En un mano a mano exclusivo con nuestro editor, Pablo Seoane, el músico repasó los orígenes de este nuevo trabajo, la emotiva carga espiritual tras la pérdida de su esposa Silvia, las vivencias compartidas con sus hijos Rita y Juan, y las valiosas lecciones aprendidas al lado de las grandes leyendas de la música nacional e internacional.
La entrevista: «La música es una energía espiritual»
—Pablo Seoane: ¿Por qué lanzar cinco discos juntos y cómo surgió la idea de editarlos de esta manera?
—Luis Salinas: Hace nueve años que no sacaba un disco. El último había sido El Tren. Después me ocupé de la carrera de mi hijo Juan, anduve de viaje y la oportunidad no se daba. El año pasado, luego de un concierto en San Juan, me invitaron a grabar en la Casa de la Música, en San Luis. Entramos a grabar cuatro temas y terminamos registrando todo lo que tenía en la cabeza. Luego lo ordené en Buenos Aires y se transformó en esta obra. Incluye solo guitarra, folclore argentino, Latin 1, Latin 2 y Los Salinas, donde participan mis hijos. Mi hija Rita, que tenía 13 años en ese momento, me preguntó un día antes si podía cantar. Terminó grabando cuatro canciones. Fue algo muy emotivo y no planificado; para mí es el disco más importante de mi vida porque puedo tocar con mis dos hijos.
—P.S: El proyecto lleva por título Hay que seguir, ¿cuál es el origen de este concepto?
—L.S.: Es el título de una canción que compuse tras el fallecimiento de mi esposa Silvia, hace cuatro años. Fue una pérdida muy dura porque era muy joven. A las dos semanas de su partida compuse la obra y cada vez que la tocaba en vivo o en el estudio sentía que la estaba llamando. Durante la grabación en el estudio sentimos claramente su presencia; tocábamos y no queríamos cortar el tema para que no se fuera. Por eso sentí que todo el proyecto debía llamarse Hay que seguir.
“Yo no conocí nunca a un músico que sea más importante que la música. La música ya estaba antes que nosotros; lo importante es no dejar que el ego te domine, porque el ego mata al genio.”
—P.S.: En momentos de duelo o de dolor, ¿el instrumento se convierte en un refugio para canalizar esas emociones?
—L.S.: Totalmente. Siempre le digo a mi hijo que hay que agradecer a Dios la bendición de ser músico. Quien toca tiene la posibilidad de emocionarse y de emocionar al oyente. La música es sanadora, debería venderse en las farmacias. Más allá de las notas, que son teoría, la música es una energía espiritual. Cuando un artista toca con sinceridad, la gente lo percibe de inmediato.
—P.S.: Tu mamá solía decir que la guitarra te eligió a vos. ¿Cómo recuerdas tus primeros acercamientos al instrumento?
—L.S.: Según contaba mi madre, de bebé yo tiraba todo y lo único que acomodaba en un rincón era una guitarrita de plástico. Mi viejo también contaba que él se ponía a tocar con amigos, yo me dormía y me despertaba apenas escuchaba la guitarra. Creo que la guitarra vino conmigo desde que nací. Mi primer acompañamiento formal fue a los cinco años en Villa Diamante. Nunca planifiqué ser profesional; tocaba por una necesidad vital. Hay una diferencia entre tocar porque te gusta y tocar por la necesidad imperiosa de hacerlo.
—P.S.: A pesar de tu versatilidad para tocar tango, folclore, bolero o jazz, siempre has expresado un profundo respeto por el flamenco…
—L.S.: El flamenco, técnicamente, es muy complejo, especialmente las bulerías. He compartido momentos con grandes como Tomatito y veo la facilidad natural con la que resuelven estructuras complejísimas. Yo lo toco en mi casa, pero por respeto al género y al público no lo hago en vivo. Mi versatilidad viene de mi padre, que era un verdadero músico orquesta: tocaba tango, pasodobles, cumbia y candombe. Además, de chico en Monte Grande escuchaba de todo, desde rock sinfónico hasta peñas de folclore.
“Atahualpa Yupanqui hacía dos notas y ya te llevaba al paisaje. Para cualquier guitarrista que quiera meterse en el folclore, escucharlo es el primer paso obligatorio.”
—P.S.: Has compartido escenario con leyendas internacionales como B.B. King o George Benson. ¿Cómo gestionas esos reconocimientos dentro de tu carrera?
—L.S.: Habiendo nacido en Monte Grande y criado en Villa Diamante, haber tocado en 35 países y compartido momentos con artistas que admiraba de niño es algo que superó cualquier sueño. Pero siempre le transmito a mi hijo que cuando alguien a quien admiras habla bien de vos, eso debe ser una motivación y un compromiso, jamás un alimento para el ego. El ego te aleja de la verdad musical. Hay que tocar lo que la música pide, no lo que el ego exige.
Ficha del concierto:
- Artista: Luis Salinas.
- Presentación: Hay que seguir (Obra de 5 discos).
- Fecha: Jueves 14 de marzo.
- Hora: 21:00 hs.
- Lugar: Teatro Presidente Alvear (Av. Corrientes 1659, CABA).
