Voz emblemática e indiscutida del rock nacional, Claudia Puyó mantuvo una charla radial con nuestro editor, Pablo Seoane. Durante la entrevista la cantante repasó su presente repleto de actividad, reencuentros y reconocimientos a su extensa trayectoria. Tras haber dejado su huella indeleble en producciones históricas junto a referentes como Los Redonditos de Ricota, Fito Páez, Suéter y Fabiana Cantilo, la artista se mantiene en constante movimiento en la escena independiente con la misma pasión que en sus comienzos.

En una ida y vuelta muy ameno diverido, la música repasó sus próximos shows en vivo, la distinción que recibirá en la Ciudad de Buenos Aires y su vínculo indestructible con el rock nacional. Asimismo, se refirió a su amistad de cinco décadas con Alambre González, el recuerdo entrañable de Luis Alberto Spinetta y su visión sobre la escena musical actual.

En el marco de una cargada agenda de presentaciones en vivo que incluye recitales acústicos, encuentros bluseros y la distinción como Personalidad Destacada de la Cultura de la Ciudad de Buenos Aires, Puyó repasó su historia, recordó cómo aprendió a cantar de forma autodidacta solo con los discos y recordó a sus padres.

Pablo Seoane: Tenés una agenda cargada: este sábado 19 de septiembre tocás en Patio Funes (Parque Patricios) en formato acústico, se viene la distinción como Personalidad Destacada de la Cultura y el 15 de octubre participás en un show de blues en Café Berlín. ¿Cómo te pega todo este presente?

Claudia Puyó: Es mucha data, me escuchás repasar todo y es como un flash. Siento el frío del metal, ¡dios aparte! Todo eso soy yo. Fue un año macabro con muchas pérdidas de amigos muy queridos, de músicos con mucho talento. Pero estamos acá, somos sobrevivientes y está bueno que hayamos podido seguir tocando. Para el show del 19 voy a estar con Aníbal Forcada de invitado y con Ricardo “Gafas” Amaril en piano.

P.S. En Café Berlín te reencontrás con una grilla llena de referentes del blues, entre ellos Alambre González, a quien conocés hace muchísimo tiempo.

C.P.: ¡Alambre, mi amor, mi amigo del alma de fines de los años 70! Teníamos dos niños cuando nos conocimos. Nos conocimos en Carmen de Patagones cuando yo tenía 18 años y él 21. Es un personaje de otro planeta y para mí es el mejor guitarrista de rock and roll de la historia de la humanidad. Además toca folclore hermoso y canta re bien. Nos parecemos mucho porque los dos seguimos siendo medio under, la seguimos remando en dulce de leche repostero, pero con un amor a la música a morir.

P.S.: ¿Sentís que el ambiente o el sistema fue un poco injusto con artistas del calibre de ustedes dos?

C.P.: A ver, algo mal habremos hecho (risas). La verdad es que no somos muy obedientes, medio que hacemos lo que nos da la gana y no nos gusta que nos digan qué tenemos que hacer. Eso en esta industria siempre fue complicado, y si sos mujer, peor. Pero lo digo con alegría: estoy contenta de haber llegado hasta acá y estar viva.

P.S.: En tus discos solistas tenés versiones hermosas de temas de Luis Alberto Spinetta. ¿Cómo nació esa relación con el Flaco?

C.P.: A Luis lo conocí en los 80, cuando yo recién empezaba a grabar mi primer disco (Del Oeste, 1985). Yo le tenía muchísimo respeto, había ido a los 12 años a verlo con Pescado Rabioso. Un día fuimos a almorzar y me regaló una canción: Viento en el lugar. Me pasó los acordes en el estudio Moebio, que eran super complejos como todo lo de él, y la última estrofa me la dictó por teléfono. Cuando terminamos de grabarla vino al estudio a escucharla conmigo. Fue un honor enorme, Luis era de otra galaxia.

P.S.: También vas a recibir la mención como Personalidad Destacada de la Cultura en la Legislatura Porteña, donde vas a tocar en vivo. ¿Qué te genera ese reconocimiento?

C.P.: No tengo ni idea por qué me lo dan, yo no soy una persona de mucha exposición. Me da un reconocimiento lindo, aunque me da nostalgia que no estén mi mamá y mi papá para verlo; a ellos les hubiese encantado. El día de la ceremonia voy a ir a tocar en formato acústico con Alambre y con Gafas en el piano.

P.S.: Siempre contás que tus padres te dieron mucha libertad para dedicarte al arte.

C.P.: Mis viejos me dejaron ser. Escuchaba clásica con mi papá y tangos con mi mamá, pero aprendí a cantar arriba de los discos. Ponía a Aretha Franklin, los Beatles, Creedence o los Rolling Stones, me encerraba en la habitación y cantaba a los gritos. Mis viejos no me decían nada, ni lindo ni feo, me dejaban ser. Hasta el día de hoy sigo cantando arriba de los discos para entrenar, pongo a Bonnie Raitt o Peter Gabriel y hago armonías.

P.S.: ¿Estás preparando material nuevo en este momento?

C.P.: Sí, me junté de nuevo con Aníbal Forcada, que fue parte de mi primer grupo de la vida. Nos juntamos a grabar acá en la cocina de mi casa, super casero. Sentimos exactamente lo mismo que sentíamos hace 50 años al tocar juntos, y eso es lo más interesante: no perder el espíritu ni la esencia por buscar millones de reproducciones.

P.S.: ¿Cómo ves a las nuevas generaciones o a la escena del rock actual?

C.P.: La verdad no escuché demasiado como para juzgar, pero lo poco que escuché no me termina de cerrar. A mí me gusta el matiz en el canto, la dinámica. No me convence la gente gritando todo el tiempo como si le hubiesen metido un zapatazo en la cabeza (risas). Una cosa es meter un agudo o un grito en una parte puntual y otra es no usar matices. A mí me gustan los cantantes que cantan bien, o que transmiten algo muy único, como Bob Dylan, que lo escucho desde que tengo 10 años.