Un repaso imperdible por la vida y obra de Rubén Juárez llega a la pantalla grande. El co-director Alejandro Venturini, en una charla con nuestro editor, Pablo Seoane, repasó los detalles del documental Sweet Juárez, las joyas de archivo rescatadas, el reconocimiento del público en el Cine Gaumont y el legado imborrable del bandoneonista y cantor que revolucionó el género.
Pablo Seoane: La película viene funcionando de manera excelente en el Cine Gaumont, ubicándose entre los estrenos más vistos de la sala en un contexto complejo para la industria. ¿Cómo vivieron esa recepción del público?
Alejandro Venturini: La verdad es que todavía no salimos de nuestro asombro. Los números del cine en Argentina están en bajas históricas y que un documental sobre Rubén Juárez haya sido el estreno más visto de la semana en el Gaumont nos pone muy contentos. La gente respondió muy bien y las salas se llenaron, algo que nos sorprendió enormemente considerando que el público suele volcarse más por las ficciones.
P.S.: ¿Cómo nació la propuesta de hacer un documental sobre un músico tan pasional y emblemático?
A.V.: El proyecto lo comenzó Jean-Luc Thomas, mi co-director. Él es francés, un verdadero “tangofílico” que incluso publica desde hace 30 años la única revista de tango en Francia. Jean-Luc conoció a Rubén en Café Homero, el bar que Juárez tenía en Palermo, y quedó absolutamente deslumbrado. Tras el fallecimiento de Rubén en 2010 empezó a gestar la idea. En 2019 nos presentó una amiga periodista en común, Irene Muchastegui, sumamos entrevistas y terminamos de filmar todo el material pendiente en 2022.
P.S.: Vos tenés 40 años y descubriste la obra de Juárez más de manera digital. ¿Qué fue lo que te atrapó de su figura?
A.V.: Me voló la cabeza. Escucho tango desde joven y, sin embargo, no lo tenía tan en el radar. Luis Salinas lo define de manera impecable en la película: Juárez hacía que el tango fuera “hoy”, actualizaba el género de una forma única. Su versión de un clásico como Pasional es demoledora; no importa quién la haya cantado antes o después, la versión de Rubén te hace sentir que es otra canción completamente distinta. Fue un músico vanguardista sin perder jamás la esencia ni la música ciudadana de Buenos Aires.
P.S.: La película recurre a la figura de la “suite” para estructurar el relato. ¿Cómo pensaron ese recorrido narrativo?
A.V.: La idea del título Sweet Juárez juega con las suites musicales y sus distintos movimientos para simbolizar su evolución. Rubén arrancó con tangos clásicos, luego empezó a componer, en los años 80 se fusionó de forma muy natural con el rock y más adelante exploró hasta matices con sonidos electrónicos. Usamos como hilo conductor la “Procesión del Bandoneón Blanco”, un recorrido que sus amigos y colegas hacen por los lugares icónicos donde tocó, llevando su instrumento para recordarlo cronológicamente.
P.S: En esa investigación recopilaron mucho material inédito. ¿Qué joyas de archivo lograron rescatar para la película?
A.V.: Encontramos muchísimo material que no está en plataformas ni en YouTube. Una de las mayores sorpresas fue hallar en soporte fílmico unos rollos digitalizados del velatorio de Julio Sosa en el Luna Park, allá por los años 60. Juárez era muy fanático de Sosa, y ese registro histórico no estaba disponible en ningún lado. También rescatamos fotos de sus inicios en la Orquesta Infantil del Club Independiente, donde se lo ve de nene en bermudas con el bandoneón.
P.S.: Rubén Juárez tocó y cantó con una potencia intacta prácticamente hasta el final de sus días. ¿Cómo reflejan esa última etapa?
A.V.: Pocos meses antes de fallecer hizo una gira por Europa y su sonido era tremendo, como si tuviera 20 años. Físicamente se notaba el deterioro de su salud, pero decidimos no utilizar archivos que cayeran en el sensacionalismo para que nada distrajera de lo verdaderamente importante: su manera magistral de tocar y cantar. Estuvo activo, pasional y genial hasta el último segundo.
