Matías Villalba es el nombre que figura en su documento, pero el mundo de la música ya lo reconoce bajo su alter ego artístico: Mat Alba. El multiinstrumentista, que adoptó este seudónimo durante la pandemia buscando una proyección más internacional, repasa en esta charla su vertiginoso camino musical, sus años de infancia en el Caribe y cómo gestiona el éxito actual tras haber tocado con leyendas de la talla de Sting y Paul McCartney y que, entre otros, Fito Páez le dedicara grande elogios.
De la infancia tropical al “baldazo” del Ego
Durante sus primeros años de vida, el músico se crió entre Venezuela y Ecuador. De aquella época conserva una marcada influencia cultural y rítmica que, según explica, definió su fisionomía artística.
¿Sentís que haber vivido en un entorno centroamericano moldeó tu manera de hacer música?
Mat Alba: Sí, totalmente. Hace poco me dijeron que los primeros cuatro o cinco años de vida son fundamentales para el desarrollo de un niño, y justo en esa etapa yo estaba en un país recontra tropical, centroamericano, con swing. “Me gusta pensar que parte de mi desarrollo fue ahí”. Aunque nunca volví, regresar a esos países es un pendiente que tengo.
En tus comienzos tuviste un padrino de lujo como el baterista Martín Carrizo en su escuela de Tigre. ¿Cómo influyó eso en tu ego siendo tan chico?
M. A.: Yo tenía 10 años, apenas tocaba, y Martín me repuso bajo el ala, me recuidaba y teníamos una complicidad especial. A los 12 años me tiraba al piso a tocar solos de guitarra, me sentía un “super capo” y me la creía muy fuerte. Pero el ego fue una cosa de nene. Después de tres años en la escuela de rock, salí de ahí y quise escribir canciones, producir o tocar el piano, y me encontré con que arranqué de cero totalmente. Fueron experiencias que me hicieron tomar perspectiva, fueron como un baldazo de agua fría, pero bienvenido sea.
El encuentro con los grandes: McCartney, Sting y el llamado de Fito
Hoy en día, el panorama es radicalmente distinto. Su talento ha despertado la admiración de figuras consagradas de la música hispana y mundial.
Figuras como Jorge Drexler, Nito Mestre y Fito Páez te elogian constantemente. ¿Cómo manejás esa exposición ahora?
M.A.: Estoy muy agradecido, me flashea mucho. A mis padres les da un poco de miedo porque la gente les habla cosas lindas de mí, pero yo les digo que me sentí preparado para que cuando llegaran esos elogios no me la creyera y “no volverme un pelotudo”. Todo bien con los halagos, pero la vida real está en mis amigos cerca mío y en trabajar duro. Todavía soy un pibe y tengo mucho por hacer.
Es conocida la anécdota de que Fito Páez se deslumbró con tu versión de “Por” (de Luis Alberto Spinetta). ¿Cómo fue el momento en que te enteraste?
M. A.: Fue una volada de cabeza. Estaba en casa, me llamó mi hermana y me dijo que Fito estaba hablando de mí en una nota. Me videollamó para mostrármelo y me agarró un hueco en la panza; me mencionó poniéndome en comparación con Spinetta, a quien yo amo. El mismo día del video me entró una llamada de un número random y era él. Quedó una relación re linda, es un referente increíble que hizo todo.
"La charla con Paul McCartney fue hermosa. Le conté que ambos tocábamos Foxy Lady de Jimi Hendrix en nuestros shows y me terminó contando, con mucho sarcasmo, cómo conoció al mismísimo Hendrix en los sesenta".
También tuviste la oportunidad de ser telonero y charlar cara a cara con Paul McCartney y con Sting. ¿Cómo se gestó eso?
M. A.: Fue como ganar el mundial. Lo de Paul se dio porque cuando era más chico hice un curso en la Universidad de Miami y conocí a un director que era amigo del mánager de la gira de McCartney. Gracias a ese empuje, Paul vio un video mío y pidió que fuera. Cuando bajé de tocar, nos llevó a conocerlo. Quería saber qué tocaba cada uno, quién cantaba. Fue irreal. Con Sting no fue un momento tan designado, pero su guitarrista, Dominic Miller, fue a escuchar nuestra prueba de sonido y terminamos conversando un toque mientras comían.
La nueva “zanahoria”: En busca de la música popular
A pesar de su formación y virtuosismo técnico, el presente de Mat Alba se enfoca en un horizonte mucho más comunicativo y lineal. El artista confiesa que su próximo objetivo no está ligado a la complejidad académica, sino a la fibra íntima de los oyentes.
¿Qué búsqueda estética o conceptual tenés hoy en día como compositor?
M. A.: Me encontré en un momento en el cual dije: “Ok, ahora la próxima capa que quiero exprimir es la de hacer algo más popular”. Me encanta la palabra popular, no tanto pop. Me moviliza la idea de que algo que yo haga pueda generar una emoción en cualquier persona, ya sea en la madre de un amigo o en la tía de mi vieja. Hoy mi zanahoria está en una cuestión más humana, en ver qué sentimiento transversal a todo el mundo puedo comunicar.
Para cerrar, ¿qué es la música para vos después de todo este recorrido?
M. A.: En un significado más racional, creo que es un lenguaje que atraviesa a todos los humanos y que trasciende la palabra. Y en un sentido más vibrativo y romántico, creo que “es el color de esta historia, de este cuadro que es la vida”. Me gusta mucho esa idea.
