Un estudio inédito realizado por el Ministerio de Educación de la Ciudad de Buenos Aires junto al Instituto Tecnológico de Buenos Aires (ITBA) reveló que los adolescentes porteños pasan en promedio entre 6 horas y 6 horas y 20 minutos diarios frente a las pantallas. La investigación evaluó el uso real de los dispositivos móviles y su relación con el bienestar socioemocional en una muestra representativa de 3.200 alumnos de primer y cuarto año de secundaria, pertenecientes a 93 escuelas públicas y privadas de la Capital Federal.

La difusión de los resultados se dio a conocer a través de un diálogo entre el biólogo e investigador del CONICET y del ITBA, Fabricio Ballarini, y la directora ejecutiva de la Unidad de Evaluación Integral de la Calidad y Equidad Educativa, Samanta Bonelli. A diferencia de las encuestas tradicionales que se basan en la percepción de los propios usuarios, esta medición utilizó los reportes de salud digital de los teléfonos celulares, lo que permitió registrar con precisión científica el tiempo efectivo de pantalla de los jóvenes.

TikTok, videos cortos y el impacto en la atención y el sueño

Uno de los datos más llamativos del relevamiento es que la brecha de consumo digital entre los estudiantes más jóvenes (primer año) y los más grandes (cuarto año) se redujo notablemente, registrando niveles de exposición casi idénticos en ambos grupos. Entre las plataformas más utilizadas, la aplicación TikTok se consolidó como la de mayor permanencia diaria, asociada a patrones de uso intensivo y prolongado durante la jornada.

Desde el punto de vista cognitivo y pedagógico, el investigador Fabricio Ballarini advirtió sobre las consecuencias del consumo sostenido de videos breves e hiperestimulantes. Este tipo de formatos audiovisuales afecta de forma directa la capacidad de concentración, el mantenimiento de la atención focalizada y los procesos de retención de la memoria a largo plazo, factores indispensables para el aprendizaje dentro y fuera del aula.

Asimismo, el estudio evidenció una clara vinculación entre el uso problemático del celular —caracterizado por la imposibilidad de desconectarse— y el deterioro en la calidad del descanso nocturno. La interrupción de los ciclos de sueño se tradujo en una alteración directa de los indicadores de bienestar emocional, manifestada en un incremento de los niveles de ansiedad, irritabilidad y cansancio crónico entre los adolescentes.

Restricción en escuelas y acuerdos en el hogar para fomentar hábitos saludables

Frente a este diagnóstico, el Ejecutivo porteño puso en marcha una serie de medidas de intervención directa en la comunidad educativa. Por un lado, se ratificó la regulación que restringe el uso de teléfonos celulares durante el horario escolar en todos los niveles educativos, buscando recuperar el espacio del aula como un entorno libre de distracciones tecnológicas y propicio para la interacción social entre pares.

Por otro lado, la estrategia institucional se extendió al ámbito familiar a través del programa de compromiso para el hogar, iniciativa que ya cuenta con la firma y adhesión de más de 100.000 familias de la Ciudad. Este acuerdo propone pautas claras y consensuadas para limitar la presencia de pantallas durante las comidas, antes de dormir y en los momentos de estudio, promoviendo hábitos digitales equilibrados entre los jóvenes.