Gloria Guerrero, figura indispensable del periodismo cultural y musical argentino, dialogó en el programa con nuestro editor, Pablo Seoane, sobre su extensa trayectoria. Con un recorrido que abarca publicaciones históricas como El Expreso Imaginario, Humor Registrado, Rock Superstar y Rolling Stone, además de varios libros esenciales, la cronista reflexionó sobre sus inicios en los años setenta, las dificultades del oficio y el significado social del rock como espacio de resistencia durante la dictadura.

Durante la entrevista, Guerrero rememoró sus experiencias junto a grandes referentes de la música argentina, como Charly García, Pedro Aznar, Luca Prodan y el Indio Solari. También abordó las vicisitudes de las coberturas periodísticas de la época, sus errores y aciertos de apreciación crítica, como su pionera defensa de Serú Girán, y analizó la transformación de la radio tradicional hacia las nuevas plataformas visuales.

A continuación, la transcripción de los fragmentos principales de la entrevista:

—Arrancaste en los años 70 haciendo crónicas y coberturas siendo mujer. ¿Cómo fue abrirte paso en un ámbito que en ese momento era mayoritariamente masculino? —Yo escribía, siempre escribí. Y hacíamos lo que en esa época se llamaban entrevistas subterráneas. Empecé a escribir en El Expreso y les gustó como escribía. En Parque Centenario, donde nos juntábamos, eran 250 varones y dos mujeres; las dos nos llamábamos Gloria. Pero yo no lo pensaba como “soy mujer y voy a mandarme una patriada loca”. Nunca tuve un problema por ser mujer ni tuve ningún inconveniente.

—¿Qué representaba el rock en esos años, especialmente durante la dictadura? —En ese momento el rock, además de ser un lugar de resistencia, era nuestra casa. Íbamos a juntarnos con los nuestros. Había un simbolismo profundo en todo eso y eso te pegoteaba mucho con tu gente. Escuchar un disco era toda una ceremonia: te sentabas con tus amigos en el piso del living, cerrabas los ojos y te despertabas cuando terminaba el lado.

—Fuiste de las pocas periodistas que defendió el debut de Serú Girán cuando la mayoría de la crítica los atacó duramente. ¿Cómo recordás ese momento? —Apenas escuché eso dije: “Qué lindo es esto”. Escribí en base a lo que me pasó. Al otro día vi que los habían hecho pelota y que poco menos que les decían que no eran dignos de tocar. A mí me encantó, me pareció brillante. No era un chico tocando la guitarra en Plaza Francia; tenía gente en la banda que eran seres increíbles cómo tocaban.

—¿Te equivocaste alguna vez con algún artista al que después le encontraste el gusto? —Con Prince. Estábamos en una época en la que tratábamos de que pudiera surgir el rock nacional y de golpe sale Prince. Al principio no estaba muy de acuerdo porque todos estaban con Michael Jackson y con Prince y nadie le daba bola al rock nacional. Pero cuando vi su show, escuché y morí de amor, me volví fan.

—Entrevistaste a los personajes más influyentes de la música. ¿Cómo era Luca Prodan en la intimidad? —Divino. Una persona cultísima, con una inteligencia superior. Te podía hablar de historia, de arte internacional, de literatura. Tenía una cultura universal increíble. Y un tierno a la vez; no era un tipo de alardear ni prepeador. Una maravilla de persona.

—¿Y el Indio Solari? —El Indio es una maquinita. Vos apretabas el botón del grabador, te ibas a dar una vuelta, volvías y el tipo seguía hablando. Y no te hablaba con frases hechas, todo lo que decía era sustancioso. Más allá de lo musical, el fenómeno sociocultural de Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota es el más importante de la Argentina. El que no lo vivió no sabe lo que fue.

—¿Tenés ganas de volver a hacer radio? —Sí, me encantaría. La radio te da la intimidad de la voz, de las expresiones, y del otro lado la gente imagina. A mí me gusta la radio a la vieja usanza, donde la radio sos vos, la gente que está alrededor tuyo, el vidrio grueso y el operador.