En el corazón de Flores, donde el ruido de la Avenida Rivadavia parece quedar suspendido en el tiempo, el Pasaje La Porteña guarda uno de los secretos más fascinantes del patrimonio porteño. Lo que hoy es la Escuela Técnica N.º 6 Fernando Fader, fue alguna vez la mansión de la quinta “Las Lilas”, y bajo sus cimientos late una Buenos Aires subterránea que la historia oficial aún no termina de descifrar.
La Escuela Fader: una mansión convertida en aula
Desde 1927, la escuela funciona en el número 54 del pasaje, pero el edificio es muy anterior. Construido antes de 1885 para la familia Agar, conserva la elegancia de las antiguas villas de descanso.
- El origen del pasaje: Trazado en 1924 tras la subdivisión de la quinta en 29 lotes, el pasaje rinde homenaje a la primera locomotora argentina.
- Arquitectura: Mientras el colegio domina una acera con sus murales y el mosaico de Manino Santamaría, enfrente resisten casas de estilos Art Nouveau y Art Déco, incluyendo la famosa fachada “amarillo mostaza” que es ícono del barrio.
El enigma de los túneles secretos
El gran misterio del Fader no está en sus aulas, sino en su sótano. Desde allí se accede a pasadizos que, según el folklore florense, forman una red que conecta las antiguas casonas con la Basílica de San José de Flores.
Las teorías sobre su uso
¿Para qué se construyeron estos “brazos” que desembocaban en un “túnel madre” hacia la iglesia? Existen dos hipótesis principales:
- Función Política y de Defensa: Habrían servido como refugio y vía de escape ante los ataques de malones que asediaban la zona en el siglo XIX, permitiendo a las familias llegar a la seguridad de la Basílica.
- Exclusividad Social: La teoría sostiene que los dueños de las quintas, en su mayoría extranjeros acaudalados, los usaban para ir a misa sin mezclarse con la “chusma” o simplemente para evitar el barro los días de lluvia.
¿Grilletes en las paredes?
Uno de los relatos más oscuros del edificio menciona que en pasadizos no abiertos al público aún se conservan grilletes amurados, vestigios de la esclavitud de finales del siglo XIX. Bajo el patio, una cisterna de ladrillo y un aljibe intacto son los centinelas de este acceso al pasado.
