Valeria Lois se ha convertido en una de las figuras imprescindibles del espectáculo nacional actual. Con una trayectoria que abarca éxitos televisivos, películas aclamadas y múltiples obras teatrales en cartel, la actriz demuestra una versatilidad única que la lleva a estar presente en los proyectos más destacados de la cartelera cultural.
En medio de una agenda repleta de compromisos, que incluye su participación en la esperada serie Cautiva —estreno de TNT y Flow dirigido por Paula Hernández y Jazmín Stuart— y su paso por el Teatro San Martín con La lluvia y el fuego, Lois dialogó a fondo con nuestro editor, Pablo Seoane, sobre su recorrido artístico, sus inicios y la intensidad de vivir a pleno la profesión actoral.
“Llego, bueno, peor es trabajar… como no considerando eso que hago trabajo, pero bueno, sí, es trabajo y es placer también.”
¿Cómo recordás ese momento bisagra a los 28 años en el que decidiste dejar de ser secretaria en un instituto de inglés para jugarte de lleno por la actuación?
Ese momento es clave porque hasta ese instante yo era una joven secretaria y me hicieron la oferta laboral de sumar horas y ser casi la encargada de ese espacio de administración. En vez de decir que sí, dije que no. A partir de ahí, todo empezó a venir más con rebusques, clases, bolos y castings de publicidad, que son las cosas que hacemos los actores y las actrices. Yo sabía desde muy chica que quería actuar y nunca lo pude abandonar, aunque al principio pensaba que iba a tener que repartir mi vida entre un trabajo pago, seguro y no freelance, y actuar a la noche con mis amigos.
¿Qué significó para vos trabajar bajo las órdenes de una referente absoluta como Marilú Marini en la obra La lluvia y el fuego, con textos de Silvina Ocampo y Juan José Hernández?
Para todas las actrices de mi generación, Marilú Marini es nuestro ideal y alguien a quien le rezamos directamente. Cuando me mandó un mensaje para decirme que quería hablar conmigo y proponerme este texto, le dije que ni hacía falta leerlo, aunque después lo hice, porque estar al lado suyo y en el San Martín —que es la cuna de mi deseo de ser actriz— era un sí rotundo. Trabajar con ella fue el paraíso de la actuación, como estar en el jardín de las delicias donde todo es permitido, juego y prueba, trayendo el desparpajo y la locura permanentemente al escenario.
¿Cómo observás hoy el panorama de la ficción y la cultura local en tiempos de plataformas digitales y escenarios complejos?
Los actores nos hemos adaptado a este nuevo formato donde los equipos con los que trabajábamos en la televisión o el cine ahora forman parte de producciones que vienen de las plataformas. En una época compleja y desfinanciada, podemos festejar que al menos estamos pudiendo reunir gente valiosa e importante en los distintos proyectos. Hay que estar muy atentos, no resignarse, poner el cuerpo en la calle, conversar y prestar una mano al que uno tiene cerca frente al miedo a caerse del mapa.
¿Cómo se gestó ese vínculo artístico y de amistad inquebrantable con Lorena Vega a lo largo de los años?
Nos conocimos siendo muy jóvenes en el estudio de Nora Mosenko, luego de haber sido compañeras en lo de Hugo Midón. Nos vimos actuar y nos flechamos al instante. Formamos un grupo con el que hicimos tres obras durante varios años y, mucho tiempo después, Mariano Tenconi nos convocó sin saber que éramos amigas para protagonizar La vida extraordinaria, proyecto que ya lleva ocho años en cartel y que nos sigue uniendo permanentemente junto a otros trabajos como Precoz.

Un presente con múltiples frentes artísticos
La intensa rutina de Valeria Lois no se detiene. Además de su aclamado papel en La lluvia y el fuego en la sala Casa Cuberta del Centro Cultural San Martín, la actriz continúa deslumbrando en el circuito teatral porteño con propuestas como La vida extraordinaria en el Teatro Picadero junto a Lorena Vega —con quien comparte una larga y entrañable sociedad creativa— y funciones despedida de Precoz. Con una entrega absoluta al arte y un compromiso genuino con la realidad social, Lois reafirma noche a noche por qué su nombre es sinónimo de talento y pasión en la cultura argentina.
