En una conversación profunda e intimista con nuestro editor, Pablo Seoane, la actriz y directora Jazmín Stuart repasó los detalles clave del reciente estreno de Lu y Pau, una comedia policial con tintes de thriller dirigida por Nicanor Loretti. Durante la entrevista, la artista compartió cómo nació su participación en el proyecto, la química actoral generada con Lorena Vega en la composición de la dupla protagónica y el desafío que significó completar un rodaje exprés de tres semanas en Puerto Esperanza, Misiones, en un contexto económico y cultural sumamente complejo para el cine nacional.
A lo largo del diálogo, Stuart reflexionó sobre su doble faceta profesional, analizando las tensiones y aprendizajes que surgen al alternar entre la actuación y la dirección. Explicó cómo busca amalgamar ambos roles en el set sin perder la concentración actoral y destacó al teatro independiente como uno de los pocos refugios actuales que aún logran preservar la concentración del espectador y la libertad creativa frente a las transformaciones de la industria audiovisual.
La charla también abrió espacio para un debate crítico sobre los nuevos hábitos de consumo, la creciente irrupción de la inteligencia artificial y el impacto de los discursos de crueldad en las nuevas generaciones. Stuart expresó su preocupación por la deshumanización en el ámbito creativo y social, remarcando la importancia de que los trabajadores de la cultura utilicen las pantallas y los micrófonos desde un compromiso ético y consciente.
Por último, la actriz recordó sus primeros pasos en la televisión masiva a finales de los noventa en producciones como Verano del 98, repasando el viraje de su carrera hacia el cine independiente y la dirección. Asimismo, abordó las dinámicas del sistema patriarcal en el medio audiovisual y destacó los avances logrados mediante la organización colectiva de las mujeres, tales como la implementación de herramientas para garantizar espacios de trabajo seguros.
Pablo Seoane: Jazmín, ¿cómo fue la función de prensa? ¿Qué vivencias tuviste allí?
Jazmín Stuart: Estuvimos con Lore [Lorena Vega] y, a continuación de la proyección, estuvimos charlando con varios medios dándole difusión a la peli. Cosa que nos pone muy contentas, la verdad que nosotras disfrutamos mucho hacerla. Después de un tiempo de haber terminado el rodaje, pudimos verla en el BAFICI. Hacía rato que no la veíamos y nos sorprendió como a cualquier espectador; nos encontramos riéndonos en la platea como si estuviésemos viendo la película por primera vez. Así que estamos entusiasmadas. Creemos que quedó una película muy divertida, que tiene un lindo ritmo y estamos contentas de haber podido componer a esta dupla tan disonante y particular de personajes.
P.S.: ¿Cómo te llega este proyecto a vos, considerando el elenco que te tocó y el director, Nicanor Loretti?
J. S.: Con Nika habíamos laburado juntos en Nafta Súper, me había convocado para hacer un personaje re lindo que era la Mishi, una especie de Gatúbela del conurbano. A partir de ahí pegamos muy buena onda. En un momento me empezó a hablar de este guion, me pasó una primera versión y me preguntó cuál de los dos personajes me interesaba hacer. Le dije que definitivamente me gustaba Pau, porque veía una oportunidad para probar un género como la comedia, que no es un género que yo haya trabajado tanto como actriz dentro de la estructura de un policial. Después hubo una reescritura, llegó Lore, se armó la dupla y nos fuimos tres semanas a filmar a Puerto Esperanza, Misiones, con un calor abrasador en pleno diciembre que le dio una atmósfera increíble a la peli.
P.S.: ¿Te pasa que te sentís exigida cuando hay un elenco como Lorena Vega o Demián Salomón y un director como Nicanor? Decir: “tengo que estar a la altura”…
J. S.: Me pasa siempre, creo que no hay ningún trabajo donde no sienta cierta exigencia. Primero por respeto al laburo de los demás y segundo porque yo misma soy exigente por esta doble mirada que tengo de actriz y directora. En esta experiencia en particular decidí soltar amarras; le dije a Nika: “Yo me voy al carajo, vos frename”, porque el personaje pedía algo excesivo, medio border. Y ese es un riesgo que uno asume desde lo actoral.
P.S.: ¿Cómo manejás esa doble mirada de directora estando en el set como actriz?
J. S.: Es difícil sacárselo de encima. Siempre que estoy en un set como actriz detecto todo lo que pasa alrededor: cómo laburan las áreas, los tiempos, qué pasó con la producción. Lo que sí hago es no intervenir ni dar mi opinión salvo que me la pidan, y me mantengo focalizada en actuar. Aprendo mucho observando el trabajo de mis directores cuando actúo, y también aprendo de actuación cuando dirijo viendo la parte artesanal del actor desde el monitor. No me saco un rol para encarar el otro, los puedo amalgamar.
P.S.: Vos de todas maneras, ¿te sentís más directora que actriz?
J. S.: La verdad es que me siento las dos cosas. No podría elegir porque siento que son dos lados de una misma cuestión. A mí lo que me gusta es estar la mayor parte posible de mi vida en un set. Necesito las dos cosas y extrañaría muchísimo cualquiera de los dos roles si dejara de hacerlo.
P.S.: Estrenar una película independiente en estos tiempos tan complejos para el país y la cultura, ¿tiene un plus?
J. S.: Totalmente. Por eso decidimos filmarla con los recursos que había. Lu y Pau podría haberse filmado con más financiación o una plataforma detrás, pero cuando vimos que la realidad del país iba a cambiar en diciembre de 2023, dijimos “filmémosla ya porque tal vez después no se pueda”. Surgió este esquema de rodar en tres semanas. No deberíamos normalizar filmar así, pero me siento muy orgullosa. El cine argentino es enorme y vamos a seguir filmando como sea; si tenemos que hacerlo con celulares, lo haremos. La pasión que sentimos no muere con nada.
P.S.: También hay una transformación mundial respecto a cómo se consume lo audiovisual, ¿no?
J. S.: Sí, hay una crisis cognitiva respecto de lo narrativo. ¿Cuánta paciencia tiene hoy un ser humano para ver una película sin mirar el celular? En este momento siento que el teatro es el único refugio de la concentración. En las salas off o del circuito comercial hay propuestas hermosas y se llenan porque se da una comunión, una libertad y una diversidad de lenguajes que no se da en ningún otro espacio.
P.S.: ¿Te preocupa la presencia de la inteligencia artificial aplicada a la dirección o a la actuación?
J. S.: Sí, me preocupa. Me preocupa la sensación de no entender qué es real y qué no, el reemplazo de la fuerza de trabajo humana y del trabajo creativo e intelectual. Pero me preocupa más en la vida general: ver generaciones de pibes de 15 años que le piden a la IA que les haga la sinopsis de un libro porque no quieren leerlo. Nos preocupa que nos reemplacen en el cine, pero me preocupa más qué va a pasar con nosotros como especie a nivel neurocognitivo.
P.S.: Además hay una cuestión ideológica y discursos donde se hace gala de la crueldad…
J. S.: Me preocupan las nuevas generaciones que absorben esa deshumanización y donde parece cool ser cruel. Chicos que compran la cáscara de discursos cuyo contenido desconocen y repiten mensajes. Son pibes que también son víctimas de la falta de diálogo o de la crisis en sus hogares. Es importantísimo, para quienes tenemos acceso a un micrófono o una cámara, salir de la parte más circense de nuestro trabajo y entrar en una zona más comprometida.
P.S.: Mirando hacia atrás, ¿cómo recordás tus comienzos en la televisión masiva con Verano del 98 habiendo estudiado dirección de cine?
J. S.: Siento que fue otra época. Yo me recibí de directora de cine a los 21 años y necesitaba trabajar. En ese momento el Nuevo Cine Argentino recién asomaba y era muy difícil entrar a dirigir siendo tan joven y siendo mujer. Empecé a actuar para sobrevivir porque me venía formando desde los 12 años. Se dio de manera continua y con mucha exposición, pero en un momento necesité parar porque la tira diaria no me dejaba tiempo ni de profundizar ni de leer. Ahí pegué un timonazo: escribí, dirigí teatro, cortometrajes y mi primer largometraje, mientras seleccionaba trabajos de actuación más enfocados en miniseries o cine independiente.
P.S. ¿Fue difícil abrirte camino como mujer en ese entorno? ¿Pasaste situaciones complicadas?
J. S.: Siempre tuve mucha conciencia de la presencia del patriarcado, de hacerme preguntas sobre por qué los roles estaban repartidos como estaban. Al haberme formado en una carrera donde había mayoría de varones, mi forma de estar en los espacios era bastante intransigente. Si me tocó alguna situación incómoda o de maltrato por parte de directores que tenían que meter 25 escenas por día, fui tan velozmente reactiva que pude parar el carro y protegerme. A lo largo de mi carrera vi a muchas mujeres en posiciones muy incómodas, pero celebro cómo fuimos cambiando eso organizándonos. Hoy existen figuras como las coaches de intimidad para escenas de sexo en plataformas, algo que antes era impensado. Todavía falta mucho, pero logramos avances colectivos enormes.
