Hay esquinas que guardan el ADN de un barrio, y cuadras que resumen la felicidad de toda una generación. En Mataderos, la Avenida Juan Bautista Alberdi al 5700 fue, durante décadas, el epicentro del entretenimiento local. Allí, pegada al majestuoso e histórico Cine El Plata —bautizado con orgullo por los vecinos como el “Gran Rex de Mataderos”—, brillaba con luz propia la pizzería La Santa María, el templo gastronómico que alimentó los mejores años de la juventud mataderense.

El Anexo Obligado de la Salida al Cine

Durante las décadas de 1950 y 1960, las tardes de domingo en el barrio tenían un ritual inquebrantable. La función de matiné o la película familiar en El Plata no terminaba cuando se encendían las luces de la sala; el verdadero final del programa se sellaba compartiendo unas porciones en la barra de La Santa María.

La fisonomía de la pizzería era la de los grandes clásicos porteños: el aroma a leña, el mostrador vibrante y un desfile incesante de vecinos, trabajadores y grupos de amigos que comentaban los estrenos cinematográficos entre moscato, pizza y fainá. La Santa María no era un simple comercio; funcionaba como la extensión natural del living de cada hogar de la Comuna 9.

Memoria Colectiva que Resiste al Tiempo

El paisaje de la Avenida Alberdi cambió con los años. El Cine El Plata sufrió un largo letargo antes de su histórica recuperación y reapertura cultural, y los viejos comercios dieron paso a nuevas dinámicas comerciales. Sin embargo, en el recuerdo de los vecinos rioplatenses, el nombre de La Santa María sigue intacto.

Para quienes crecieron en el Mataderos de mitad del siglo XX, evocar esa pizzería es volver a escuchar las risas a la salida del cine, sentir el calor de los hornos tras una tarde de invierno y recordar una época donde el barrio se disfrutaba a pie y en comunidad. Una postal dorada de nuestra comuna que se niega a desaparecer.