Una mezcla de indignación y preocupación domina por estas horas las calles del pasaje El Mirasol y Humaitá, en pleno corazón del emblemático barrio residencial de Las Mil Casitas de Liniers. Un grupo de vecinos organizados logró frenar reiterados intentos de intrusión en una propiedad que quedó deshabitada tras el fallecimiento de sus últimos residentes. A pesar de los constantes reclamos tramitados ante la Comuna 9 y la Ciudad, aseguran que no reciben respuestas y que debieron costear las rejas y tapiados de sus propios bolsillos.

El conflicto en la finca ubicada en Humaitá 7016 comenzó tras la muerte de los familiares herederos. Al quedar la casa desprotegida, la reacción de la comunidad fue inmediata. “Desde entonces, todos los vecinos colindantes y de cercanía nos hemos ocupado de evitar que sea intrusada por distintas personas, contando siempre con la presencia de la Comisaría Vecinal 9A”, explicó la vecina Delia Carro. La causa judicial recayó inicialmente en un Juzgado Civil en el marco de un proceso sucesorio a favor de una heredera radicada en el exterior.

Boquetes al alba y veredas destruidas

Ante la constante amenaza de usurpación y con el aval de la Justicia, los propios vecinos asumieron la compra de materiales y la mano de obra para sellar puertas y ventanas. Sin embargo, la tensión tuvo su punto más crítico hace apenas unos días, cuando se registró un nuevo intento de ingreso mediante una cuidada logística.

A primera hora de la mañana, desconocidos comenzaron a romper la vereda para simular el estruendo de un boquete que realizaban en paralelo sobre la puerta principal del inmueble. El alerta de los transeúntes madrugadores permitió llamar a la Policía a tiempo e interrumpir la maniobra.

Como secuela de ese hecho, la vereda quedó intransitable, con escombros y un volquete que rápidamente se convirtió en un foco de basura informal. “Hay personas que vacían desechos en forma reiterada. Terminamos siendo los propios vecinos los que embolsamos la basura y la llevamos al contenedor”, lamentaron en el lugar.

Una propiedad en abandono total

El grupo vecinal no solo custodian la estructura del inmueble: también frustraron intentos de desguace de dos vehículos que permanecen guardados en la cochera.

A la amenaza de usurpación se le suma el deterioro urbano. Dos árboles de gran porte pertenecientes a la propiedad no reciben poda desde hace años. Durante el otoño, la hojarasca obstruye desagües, canaletas y cubiertas, dejando la tarea de limpieza en manos del frentista.

Denuncias sin respuesta

Hasta el momento, los frentistas acumulan tres expedientes formales iniciados ante la Comuna 9:

  • Obstrucción de vereda por elementos fijos y móviles (Expediente N° 00796194/26).
  • Reparación de veredas deterioradas por raíces (Expediente N° 00796236/26).
  • Poda integral de arbolado en la esquina de Humaitá y pasaje El Mirasol (Expediente N° 00796265/26).

“Somos un grupo de vecinos solidarios que buscamos mantener la tranquilidad y la belleza de un barrio histórico y residencial como Las Mil Casitas. Mientras el Gobierno de la Ciudad nos da la espalda, nos sentimos rehenes del trámite sucesorio de un particular”, concluyeron con severidad.