Si alguna vez caminaste por las inmediaciones de la estación de Flores y sentiste que, por un segundo, el paisaje porteño se transformaba en un rincón de la campiña inglesa, es probable que hayas pasado frente a una de las “Casas Chacón”. Este conjunto de viviendas, erigidas hace más de un siglo, guarda una historia fascinante de innovación, ferrocarriles y nombres de flores.
Un “Lego” de principios de siglo
Corría la década de 1920 cuando el ingeniero Rafael Chacón revolucionó la construcción local. Su idea fue adelantada para la época: diseñar un sistema de viviendas estándar, rápido de ensamblar, pero altamente personalizable. El éxito fue tan rotundo que el Ferrocarril Oeste (hoy Sarmiento) no dudó en contratarlo para edificar las residencias de su personal jerárquico, buscando un equilibrio perfecto entre distinción, comodidad y cercanía a las vías.
Dónde encontrarlas y cómo reconocerlas
Aunque el avance inmobiliario ha reclamado algunas de estas propiedades, todavía es posible rastrear el legado de Chacón en la zona delimitada por las calles Fray Luis Beltrán, Bacacay y Boyacá.
Si te interesa salir a su búsqueda, aquí van dos paradas obligadas:
- Bacacay 1934: Se conserva como vivienda particular y luce impecable, una verdadera joya.
- Fray Luis Beltrán 165: Actualmente funciona como residencia geriátrica y mantiene su fachada en excelente estado.
¿Cómo identificarlas?
- Torres “bow window”: Su rasgo más distintivo son aquellas ventanas que sobresalen de la pared y culminan en una punta tipo aguja, otorgándoles ese aire elegante y señorial.
- Materiales: Paredes de ladrillo sólido y techos de madera cubiertos por chapas de zinc.
- El detalle romántico: Sobre las galerías de entrada aún se pueden observar, en algunos casos, cartelitos de chapa esmaltada que indican que cada casa llevaba el nombre de una flor.
Mucho más que una fachada
Aunque desde la vereda parecen viviendas compactas, su interior ocultaba verdaderas mansiones para la vida familiar de aquella época. Cada unidad estaba diseñada con cuatro dormitorios, dos baños, despensa y hasta una sala exclusiva para costura y planchado, una distribución que refleja las costumbres de las familias de hace un siglo.
Un patrimonio que resiste
Como sucede a menudo en nuestra ciudad, el progreso no siempre ha sido amable con este patrimonio: la casa de Boyacá 152 fue demolida para dar paso a un edificio moderno, y otras tantas sobre la calle Bacacay acusan el desgaste del tiempo.
Por eso, la invitación para el caminante es simple pero valiosa: la próxima vez que pases por Flores, tómate cinco minutos. Levantá la vista y buscá esas agujas que apuntan al cielo. Son mucho más que ladrillos; son un pedacito de nuestra historia ferroviaria que, a pesar de todo, se resiste a desaparecer.
