Hace precisamente 61 años, en un elegante rincón de Retiro, la mítica “Catedral del Ruido” empezaría a revolucionar las madrugadas de Buenos Aires durante tres décadas. Con una rigurosa admisión y una propuesta pensada como un living para aristócratas y figuras del jet set global, se convirtió en una leyenda inolvidable.

De hecho, el 10 de abril de 1964, sobre la calle Arroyo al 800, los hermanos Alberto y José Lata Liste dieron vida a un concepto vanguardista para la época. Mau Mau rompió con el molde de los subsuelos oscuros e impersonales para instaurar el “boîte living”: un salón íntimo con capacidad para 400 personas, con sillones de cuero, mesas bajas y una pista circular de siete metros diseñada para propiciar el roce social.

El lugar atrajo rápidamente a empresarios, modelos, figuras del espectáculo y personalidades internacionales. Por sus livings pasaron desde Alain Delon, Philippe Junot y Rudolf Nuréyev hasta Roberto Carlos —quien grabó un disco en su honor—, además del jet set local encabezado por una joven Susana Giménez, quien dio sus primeros pasos a la fama en esa misma pista.

Mitos y verdades del templo nocturno

  • Un origen musical: Aunque el imaginario popular vinculó su nombre a la rebelión keniana de los años 50, sus fundadores lo tomaron de la canción Papa-Oom-Mow-Mow de The Rivingtons. La ambientación inicial —que incluía pieles de cebra y cabezas embalsamadas— respondió a una estética exótica adoptada con posterioridad.
  • El filtro infranqueable: La admisión estaba custodiada por el célebre portero Julio Fraga, apodado “El insobornable”. Por sus estrictas normas de etiqueta (saco y corbata para los hombres y vestimenta de gala para las mujeres) rechazó el ingreso de figuras como Guillermo Vilas por llevar zapatillas, o a los músicos Johnny Hallyday y Sylvie Vartan.
  • Resurrección tras las llamas: A apenas cinco meses de su apertura en 1964, un incendio destruyó el local por completo. Lejos de desistir, sus dueños reconstruyeron la boîte y la reabrieron en solo 58 días.
  • Red de exclusividad global: Contaba con un pase de membresía internacional compartido con reductos icónicos de la época como Jimmy’s en París, Annabelle’s en Londres y La Boite en Madrid, ciudad donde la firma abrió luego una sucursal junto a Marbella.

Del apogeo al cierre definitivo

Con el paso de las décadas, la propuesta estética mutó hacia acabados en bronce, espejos ahumados y el sello visual del artista Rogelio Polesello. Sin embargo, el fallecimiento de Alberto Lata Liste en 1977, el cambio de tendencias en las discotecas de los años 80 y el impacto del atentado a la Embajada de Israel en 1992 —que paralizó la actividad en la calle Arroyo durante meses— marcaron el inicio de su declive.

Mau Mau cerró sus puertas definitivamente en 1994 y el edificio fue demolido en 1998. Con su adiós concluyó una era de la nocturnidad porteña signada por la etiqueta, la reserva y un glamour que sobrevivió en el recuerdo colectivo.