Luciano Cáceres no se detiene. En un momento de su carrera que él mismo define como de “autogestión y riesgo constante”, el actor conversó con nuestro editor, Pablo Seoane, sobre el estreno de Paraíso en el Teatro Reggio, su gira de despedida con el éxito Muerde y su visión sobre el compromiso del artista en tiempos de crisis.
En Paraíso, Cáceres encarna a Juan Valero, un empresario pragmático y ambicioso cuyo mundo se estremece tras recibir un trasplante de corazón. El giro narrativo surge cuando el órgano, proveniente de una trabajadora sexual dominicana, comienza a alterar su personalidad.
“El trasplante es una excusa, una bisagra que te hace aflorar algo que estaba adormecido”, explicó el actor.
Cáceres describió la obra como un material “bien urbano” que contrasta con la ruralidad de su anterior unipersonal. A través de este personaje, la trama interpela al espectador sobre temas urgentes como la xenofobia, el racismo y la identidad de género. Para el actor, la clave del papel es la entrega absoluta: “Una de las palabras clave para encarar un laburo es la disponibilidad. No esconder nada, ponerlo todo ahí, en riesgo”.
Un presente entre dos mundos
El actor vive un fenómeno inusual: la convivencia de dos unipersonales de alta intensidad. Mientras Muerde se despide tras más de 230 funciones en 90 ciudades, Paraíso inicia su camino con funciones agotadas.
- Paraíso: Se presenta los miércoles a las 20:00 hs en el Teatro Reggio (Córdoba y Dorrego).
- Muerde: Tendrá una función especial este jueves 16 en el Teatro Roma de Avellaneda, antes de seguir gira por Venado Tuerto, Lincoln y Junín.
Consultado sobre si le resulta difícil “quitarse” un personaje para ponerse el otro, Cáceres aseguró que el oficio lo ha curtido: “Pensá que conviví con muchos personajes a la vez haciendo series y películas. Al estar solo en el escenario, el desafío es buscar dinámicas distintas”. En este sentido, destacó la puesta tecnológica de su nueva obra, que incluye cámaras, proyecciones y un diseño sonoro “exquisito” a cargo de Nico Yap.
El actor como ciudadano
Cáceres no esquivó el bulto al analizar la situación actual del país y los ataques al sector cultural. Reconoció ser un “privilegiado” por poder llenar salas, pero advirtió sobre la parálisis de la industria cinematográfica y el impacto del ajuste.
“Pareciera que solo vivimos nosotros de la industria, pero atrás de una película hay 500 personas laburando”, enfatizó.
Asimismo, expresó su tristeza por la falta de pensamiento a largo plazo en la política argentina: “Se piensa en mejorar la economía de algunos pocos; es pan para hoy y hambre para mañana. Atacamos recursos básicos como el agua o los glaciares por intereses propios, no por el bien común”.
Una anécdota de los inicios
Hacia el final de la charla, el actor recordó sus comienzos con una sonrisa, rememorando el casting para el Maipo donde, al no tener dinero para pilas, llevó un enorme radiograbador de los años 80 y un alargue de 30 metros para enchufarlo y realizar su performance frente a figuras como Norma Aleandro. “Quedé en ese primer laburo comercial”, recordó, reafirmando que su camino siempre estuvo marcado por la tenacidad.
