El reestreno de No me dejes así, la comedia dirigida por Enrique Federman con colaboración autoral de Mauricio Kartun, marca uno de los regresos teatrales más celebrados de la cartelera porteña. A dos décadas de su exitoso paso por los escenarios en 2005, la pieza volvió a reunir en Timbre 4 a un elenco de lujo conformado por César Bordón, Claudio Martínez Bell, Néstor Caniglia y Eugenia Guerty, apostando nuevamente por ese humor físico y gestual que caracteriza a la propuesta.
En diálogo radial con nuestro editor, Pablo Seoane, la reconocida actriz Eugenia Guerty repasó los condimentos de este esperado reencuentro y reflexionó sobre el paso del tiempo en la actuación. Durante la charla, abordó también su vínculo histórico con la improvisación —actividad que retomó recientemente y define como una herramienta vital de aceptación—, además de compartir cómo equilibra su intensa carrera artística con las demandas de la crianza de su hijo Paul y su mirada sobre la actualidad.
Pablo Seoane: ¿Cómo fue reencontrarse con las tablas, con el público y con este material después de veinte años?
Eugenia Guerty: Siempre quise volver con la obra, insistí bastante para que se pudiera dar, pero nunca encajaban los tiempos. Cuando finalmente surgió a fin de año pasado, no lo podía creer. Al principio, al momento de ponerle el cuerpo en los ensayos, pensé: “Ay, esto puede ser una porquería total, ¿para qué insistí tanto?”. En su momento nos pasaba la misma duda porque es una obra con pocas palabras, muy gestual, de un humor invisible donde nosotros sufrimos y la gente se ríe. Es una propuesta muy rara de ver y muy disfrutable de actuar, pero la historia la completa el público. Y ahora, al reestrenarla, se renovó esa misma incertidumbre, aunque por suerte la respuesta está siendo alucinante.
P.S.: ¿Qué sentiste al volver a encarnar ese personaje con otro recorrido profesional y personal?
E.G.: Fue alucinante y el balance es súper positivo. Pudimos recuperar parte del material viendo los registros de aquella época que ni recordábamos. Cuando empecé a ensayar otra vez, decía: “Qué mal que estoy actuando, no me gusta”, porque uno idealiza lo que hizo. Pero la verdad es que ahora la disfruto mucho más. Mi hermano Santiago vino a ver una de las funciones y me decía que, al tener otra edad y haber atravesado más vivencias, hoy se entienden desde otro lugar las situaciones de dolor o de despedida que propone la obra, encontrando comicidad en lo pequeño.
P.S.: Además del teatro, te estás dedicando nuevamente a la improvisación. ¿Cómo se cruza eso en tu rutina actual?
E.G.: Sí, es algo que retomé y me revitalizó un montón. Hace poco me invitaron a participar de Impro de las Estrellas y los chicos de Impro 2020 siempre me convocan. Me había desconectado de la improvisación como tal, pero sigo siendo una gran vendedora de esta disciplina. Siempre digo que la base de la impro es la aceptación: si alguien te propone algo, no podés negarlo, tenés que construir a partir de eso. Para la vida es un entrenamiento alucinante que te abre la perspectiva, te da flexibilidad y te ayuda a aceptar las realidades que nos tocan.
P.S.: En ese sentido, ¿sentís que volver a proyectos como esta obra o la impro responde a una búsqueda de refugio o de lugares donde la pasaste bien?
E.G.: Hay una combinación de cosas. Soy una persona muy fiel al teatro cuando una obra me gusta, porque ponerle el cuerpo a algo que no te estimula es muy difícil de sostener. Pero también hay una situación de coyuntura muy puntual en mi vida: tengo un hijo con autismo, Paul, que tiene 11 años, y mi otro hijo Simón tiene 7. En los últimos años, las terapias, los apoyos y las demandas de cuidado me han hecho elegir mucho mejor qué hacer y dónde estar. El periodo de ensayos es lo más demandante para un actor, requiere un desgaste enorme de cabeza y cuerpo. Como yo no cuento con ese tiempo libre, poder sumarme a proyectos que ya estaban rodados o hacer impro, donde me sumo un domingo a entrenar y después me voy, me permite sostener mi trabajo con otra flexibilidad.
P.S.: ¿Qué representa el humor y la actuación en tu día a día frente a tantas exigencias?
E.G.: Es el oxígeno para mí, no podría vivir sin la actuación. Sé que suena a cliché, pero tiene muchísima verdad. A los actores lo que más nos aterra es que nos empiece a fallar el cuerpo o la cabeza, porque nuestra tarea no tiene fin ni jubilación; uno quiere actuar hasta el último minuto arriba del escenario. El humor y la alegría funcionan como un motor necesario para traccionar el día a día.
P.S.: Para quienes quieran ir a verlos, ¿en qué días y horarios se presentan?
E.G.: Estamos haciendo funciones en Timbre 4, ubicado en México 3554. Por ahora seguimos los sábados a las 23 horas, pero atención porque vamos a pasar a un horario más temprano, a las 22:30, además de sumar funciones los lunes de octubre a las 20. Les sugerimos chquear la página de Alternativa Teatral para no perderse nada. ¡Los esperamos a todos para compartir esta comedia distinta!
