La Comuna 9 —que comprende los barrios de Mataderos, Parque Avellaneda y Liniers— atraviesa una compleja agenda de problemáticas urbanas y sociales que van desde inundaciones por napas freáticas hasta una creciente preocupación por la seguridad vial. En este escenario, la falta de respuestas institucionales y la desatención histórica hacia la zona suroeste por parte del Ejecutivo porteño continúan marcando el pulso cotidiano de los vecinos, quienes replican reclamos por el ordenamiento del tránsito y el estado de los espacios públicos.
Durante una entrevista radial con Pablo Seoane, el comunero Alberto Espiño analizó la gestión local y cuestionó con dureza el rol del Gobierno de la Ciudad. En su diálogo con nuestro editor, el representante de Unión por la Patria advirtió sobre la falta de aplicación real de la Ley de Comunas, denunció que las decisiones se toman verticalmente sin participación vecinal y repasó los conflictos en torno a proyectos urbanísticos y la defensa de espacios barriales como el Polideportivo Santojanni.
Asimismo, Espiño reflexionó sobre la coyuntura política porteña, la sintonía del actual Ejecutivo con las políticas nacionales y los desafíos que enfrenta la oposición para articular una alternativa competitiva en la Ciudad. Ante un panorama marcado por la resistencia vecinal frente a los desalojos y los reclamos por obras postergadas, el comunero remarcó la necesidad de construir una alianza amplia que logre sintonizar con los problemas concretos de la ciudadanía tras casi dos décadas de administración macrista.
Pablo Seoane: ¿Cómo estamos en la Comuna 9 y qué lectura hacés de la gestión en los barrios del sur de la ciudad?
Alberto Espiño: La Comuna 9 no escapa a lo que pasa en la Ciudad de Buenos Aires después de casi veinte años de macrismo. Aquel caballito de batalla de campaña sobre equilibrar el norte con el sur quedó en una promesa vacía, al igual que los subtes para esta zona. El proyecto inmobiliario de la ciudad abandona a su suerte a todos los barrios de la zona sur y suroeste. Además, el sistema de comunas nunca fue ejercido concretamente en la práctica; todo se vigila desde arriba por el Ejecutivo porteño, obligándonos a los comuneros a articular con legisladores, la Defensoría del Pueblo y la justicia para contrabalancear un poder que pasa por alto la participación vecinal.
P.S.: Mencionaste el caso del Polideportivo Santojanni y las tensiones con el gobierno local. ¿Cómo se expresa esa resistencia de los vecinos frente a las decisiones oficiales?
A.S.: El caso del Polideportivo Santojanni, donde intentaron arancelar y construir canchas de pádel para un negocio privado, es una muestra clara de lo que ocurre cuando no se escucha a los vecinos. A pesar de los tiempos de las redes sociales, la gente salió a la calle, se juntó y debatió. Ese es el ejemplo de que cuando hay comunión entre los representantes y los vecinos se logran triunfos parciales. Lamentablemente, el gobierno no es prolijo: avanza con obras sobre áreas que están bajo amparo judicial y no respetan las decisiones de la justicia. También lo vemos con la inseguridad vial y los reiterados accidentes en esquinas conflictivas como Cosquín y Tuyutí o Pieres y Emilio Castro, donde los petitorios vecinales chocan contra la falta de respuestas del Ejecutivo.
P.S.: A nivel político general, ¿por qué consideras que al peronismo y a las fuerzas progresistas les cuesta superar determinados techos electorales en la Ciudad de Buenos Aires?
A. E.: Es muy difícil por cuestiones intrínsecas de la ciudad, pero también porque muchas veces ha faltado autocrítica y una agenda política anclada en los temas cotidianos de la gente. Tenemos que tener un discurso rápidamente entendible que, sin perder las banderas históricas del peronismo, se conecte con la vida real de los porteños. Hay que tener una escucha aguda, adecuar los mensajes y construir una alianza lo más amplia posible con los sectores progresistas, sin perder la esencia, para terminar de una vez por todas con esta etapa que ya lleva casi veinte años en la ciudad.
