En medio de la fisonomía residencial del barrio porteño de Floresta, sobre la calle Dolores, emerge una propiedad que capta la atención de transeúntes e historiadores por igual. Conocida popularmente como el “Castillito de Floresta”, la edificación no solo destaca por sus ladrillos a la vista, sus detalles ornamentales y su singular torreta con cúpula hexaédrica, sino también por el misterio que rodea a sus orígenes.

A pesar de haber sido construida alrededor de 1906, no existen documentos oficiales definitivos que acrediten con precisión la firma de su diseñador original, lo que dio lugar a diversas teorías dentro del ámbito del patrimonio arquitectónico.

Las tres hipótesis sobre su autoría

Expertos e investigadores locales señalan tres nombres principales detrás de los planos de la vivienda:

  • Alejandro Christophersen: Es la hipótesis con mayor peso entre los especialistas. La calidad estilística remite a las obras del célebre arquitecto noruego-argentino, responsable de piezas emblemáticas de la Ciudad como el Palacio San Martín (actual Cancillería) y la Basílica del Santísimo Sacramento.
  • El constructor del castillo de Felicitas Guerrero: Otra de las versiones vincula la estructura con la firma o el equipo técnico que proyectó el histórico castillo de la estancia de Felicitas Guerrero, en la provincia de Buenos Aires.
  • El Ingeniero Chacón: Por sus trazos de influencia británica, el ladrillo a la vista y el remate en torre, también se atribuye el diseño al ingeniero Chacón, reconocido por proyectar viviendas para personal directivo del antiguo Ferrocarril del Oeste.

Organización vecinal para salvar la propiedad

Más allá de los enigmas sobre su diseño, la casa cobra relevancia por su valor comunitario. Años atrás, ante la amenaza latente de especulación inmobiliaria y demolición, las familias del barrio iniciaron un reclamo colectivo para frenar cualquier intento de modificación estructural.

Gracias a la movilización ciudadana, el inmueble obtuvo la protección patrimonial por parte del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, salvaguardando su fachada, su jardín frontal y sus elementos característicos para el patrimonio urbano del barrio.