Inaugurado un 3 de enero de 1936, el gigante de Retiro sigue siendo el edificio más emblemático de Buenos Aires. Una historia de amor prohibido, una venganza de cemento y los hitos técnicos que lo convirtieron en un rascacielos único en el mundo.


En la esquina de Florida y San Martín, frente a la Plaza San Martín, se alza una “proa” de hormigón que parece navegar hacia el Río de la Plata. El Edificio Kavanagh no es solo una dirección de lujo en el barrio de Retiro; es el protagonista de la leyenda urbana más famosa de Buenos Aires y un monumento a la modernidad que, al momento de su inauguración, desafió todos los límites de la ingeniería.

La Leyenda: ¿Una venganza contra los Anchorena?

Dice el mito popular que Corina Kavanagh, una millonaria de origen adinerado pero sin el “linaje” de las familias patricias, vivió un romance prohibido con un joven de la familia Anchorena. Ante la feroz oposición de Mercedes Castellanos de Anchorena (madre del joven), quien rechazó el matrimonio por considerar a Corina de una clase inferior, nació la “venganza arquitectónica”.

Según el relato, Corina compró el terreno frente a la Basílica del Santísimo Sacramento —el mausoleo familiar de los Anchorena— y construyó la torre de 120 metros con un único objetivo: taparles la vista de la iglesia desde su palacio. Hoy, para ver la fachada de la basílica, hay que pararse en el estrecho pasaje que lleva el nombre de la fundadora, el único resquicio que dejó su supuesta revancha.

Sin embargo, los historiadores le ponen un freno al romance: Mercedes de Anchorena murió en 1920, catorce años antes de que se pusiera la primera piedra del edificio, lo que convierte a la historia en un icónico relato romántico pero históricamente improbable.

Hitos de un coloso moderno

Más allá de los mitos, el Kavanagh fue una revolución técnica para la década del 30. Diseñado por el estudio Sánchez, Lagos y de la Torre, rompió récords desde su concepción:

  • El más alto: Con sus 120 metros, fue el edificio más alto de Latinoamérica hasta 1947.
  • Hormigón armado: Fue la estructura de este material más alta del mundo en su época.
  • Confort inédito: Fue el primer edificio de viviendas en Buenos Aires en contar con aire acondicionado centralizado (provisto por la firma Carrier), calefacción por calderas y un sistema de telefonía central.
  • Sin cocheras: Curiosamente, el edificio no posee garajes ni portero eléctrico; el ingreso se gestiona mediante una recepción centralizada que anuncia a los visitantes por teléfono a sus 105 departamentos.

Arquitectura y reconocimiento

Elegido en 2013 como el “edificio más lindo de Buenos Aires” por una encuesta popular, su estilo combina el Art Decó con el racionalismo. Su silueta escalonada no fue solo estética: permitió la creación de exclusivas terrazas-jardín que miran al puerto.

En 1934, mientras se construía, su fachada se utilizó para colocar una cruz blanca gigante en honor al Congreso Eucarístico Internacional, uniendo para siempre la historia del edificio con los grandes eventos de la Argentina moderna.

Hoy, el Kavanagh sigue siendo un símbolo del poder económico de la década del 30 y un guardián de la Plaza San Martín, recordándonos una época en la que Buenos Aires se atrevía a mirar al cielo de igual a igual con Nueva York.