Frente a la estación del ferrocarril, la avenida Rivadavia guarda en sus cimientos una de las transformaciones urbanas y culturales más emblemáticas del barrio de Liniers. Durante más de tres décadas, el paisaje del barrio estuvo dominado por el brillo de las marquesinas cinematográficas antes de convertirse en el dinámico polo comercial que se conoce hoy.

La historia comenzó en 1927 con la inauguración del Cine Capitolio, un punto de encuentro que rápidamente conquistó a los vecinos. Pocos años después, en 1933, la oferta cultural de la zona se consolidó con la apertura, a escasos metros, del Cine Edison. Detrás de ambas salas se encontraba la misma firma familiar: los Vignoli, pioneros del espectáculo que idearon una estrategia comercial brillante para la época.

Dos propuestas para un mismo público

Los Vignoli diversificaron la experiencia del público dividiendo el perfil de sus salas:

  • Cine Capitolio (Popular): Con entradas más accesibles y programas dobles o continuados, era el espacio predilecto para las salidas familiares cotidianas y los vecinos del barrio.
  • Cine Edison (Lujoso): Presentado con una arquitectura más señorial, mejores terminaciones y una acústica cuidada, estaba destinado a los grandes estrenos y a una experiencia cinematográfica de mayor categoría.

Esta dualidad permitió a la familia Vignoli dominar la escena del entretenimiento local durante las décadas de 1930, 1940 y 1950, convirtiendo a esa cuadra de Rivadavia en un hormiguero constante de espectadores.

El fin de una era y el nacimiento de las galerías

Hacia la década de 1960, el cambio en los hábitos de consumo, la llegada de la televisión y la transformación de los centros urbanos marcaron el declive de las grandes salas de barrio en toda la Ciudad de Buenos Aires. El Capitolio y el Edison no fueron la excepción y cerraron sus puertas definitivamente.

Sin embargo, el predio no perdió su pulso vital. Sobre los terrenos donde proyectaban sus películas se levantaron dos pasos comerciales que heredaron la estructura y la afluencia de público: la Galería Gran Liniers y la Galería Crédito Liniers.

Hoy en día, las galerías siguen vigentes frente a la estación, manteniendo la vibrante actividad comercial en las mismas coordenadas donde, casi un siglo atrás, el cine deslumbraba al barrio de Liniers.