Nuestro editor, Pablo Seoane, mantuvo una charla mano a mano con la destacada baterista, percusionista y compositora argentina Andrea Álvarez. Con una trayectoria ineludible en la historia del rock nacional —que abarca desde la emblemática banda Rouge hasta sus legendarias colaboraciones con Soda Stereo, Charly García y David Lebón—, la música presentó La Cadena del Mal, su quinto álbum solista.
El nuevo trabajo discográfico refleja una sonoridad potente, madura y trabajada orgánicamente en la sala de ensayo junto a su trío, integrado por Lonnie Hillyer en el bajo y Tomás Grubesic en la guitarra. A lo largo del disco, Álvarez condensa un espíritu netamente rockero con matices que van desde el blues hasta guiños más pop, acompañado por letras afiladas que abordan el contexto social, las dinámicas de poder y la crueldad contemporánea.
Durante la entrevista, la artista repensó su evolución profesional y explicó cómo el paso a la composición marcó un quiebre fundamental en su carrera. Haber iniciado su camino solista hace más de dos décadas le permitió construir un canal de expresión propio, alejado de las exigencias del circuito comercial y centrado en la necesidad de interpelar a la sociedad a través de canciones con postura crítica.
Con vistas a su próxima presentación en el Roxy Live para presentar el disco en vivo, Andrea Álvarez repasó además sus hábitos de escucha, el valor de la escena emergente y las marcas indelebles que dejaron sus años como sesionista de grandes figuras de la música argentina. A continuación, los tramos principales de la conversación con Pablo Seoane.
Pablo Seoane: Felicitaciones por La Cadena del Mal, un discazo con matices de blues y pop dentro de una gran base rockera. ¿Cómo fue el proceso de trabajo con este nuevo material?
Andrea Álvarez: Todos mis discos tienen un poco esa variedad, pero este sin duda es más maduro. Es el quinto álbum y ya lo trabajamos muy en banda, en la sala de ensayo, entre mi bajista Lonnie Hillyer, Tomás Grubesic en guitarra y yo. La producción y los arreglos los hicimos entre los tres. Creo que combina mucho con la situación actual por la que estamos atravesando y eso le da una entidad muy fuerte. En mis últimos trabajos la impronta rockera ya estaba marcada, pero acá está aún más consolidada.
Pablo Seoane: Son más de 20 años de carrera solista. ¿Qué cambió en tu forma de concebir la música desde que empezaste a componer tus propios temas?
Andrea Álvarez: Empezar a componer fue un antes y un después. Antes, mi militancia en la música pasaba por tocar bien, ser la mejor instrumentista posible y acompañar el deseo del otro. En los noventa, después de ser mamá, me surgió una necesidad de escuchar cosas que no escuchaba y empecé a hacerlas yo. Necesité volcar una problemática femenina y quejarme de lo que padecía, pero no desde el pataleo bobo, sino para generar una energía de cambio. Eso me abrió un panorama distinto ante la música y las canciones.
Pablo Seoane: ¿A qué hace referencia el concepto de La Cadena del Mal en el disco?
Andrea Álvarez: Tiene que ver con el abuso del poder y la maldad de cualquier persona que logra un poquitito de autoridad sobre otro. Es la crueldad de esta sociedad vertical y de estilo patriarcal donde el poder funciona como una droga. Todo eso influyó en la lírica. Además, en el álbum hay canciones que hablan de la posverdad, de las cancelaciones, de la pérdida de personas queridas y de las consecuencias de las decisiones que una toma en la vida, como elegir no agacharse ante nadie.
Pablo Seoane: En el álbum hay mucha potencia y a la vez mucha honestidad. ¿Con qué se va a encontrar el público en el show del Roxy Live?
Andrea Álvarez: Va a ser un show de música potente, de rock contemporáneo. Estamos ensayando mucho porque una cosa es grabar los temas y otra es tocarlos en vivo para que se “ablanden”, como si fueran zapatos nuevos. A mí lo que me fascina es tocar y estar arriba del escenario. Además, sigo escuchando mucha música, desde lo nuevo de Jack White hasta bandas de acá como Lucy Patané, Buenos Vampiros, Mugre o Espanto Club, que me conmueven un montón y me dan ganas de salir a ver recitales.
