Nuestro editor, Pablo Seoane, mantuvo una profunda charla con el fotoperiodista Guido Piotrkowski. El eje central de la entrevista giró en torno a la cobertura de la última movilización en reclamo por el cumplimiento de la ley de financiamiento educativo, un evento marcado por una fuerte represión policial. Durante los incidentes, Piotrkowski logró capturar el instante exacto en el que un efectivo le disparaba una bala de goma directo al pecho, una imagen impactante que se viralizó rápidamente en los medios y las redes sociales.
Durante la conversación, el reportero reflexionó sobre las graves consecuencias que este tipo de operativos violentos tienen para la labor periodística y para el ejercicio de la libertad de expresión. Aunque físicamente se encuentra bien y logró sortear una lesión mayor, advirtió sobre la preocupante normalización de la violencia estatal en las manifestaciones. Asimismo, señaló que el hostigamiento a la prensa responde a una doble estrategia: amedrentar a quienes cubren los hechos en la calle y enviar un mensaje al núcleo político afín al oficialismo.
Pablo Seoane: ¿Recuperado en todo sentido o psicológicamente te queda algún resabio ahí de la situación, de lo que podría haber sido?
Guido Piotrkowski: —Sí, uno va cayendo con el correr de los días y va pensando qué podía haber pasado, qué no. Los primeros días fueron como de mucha intensidad porque, bueno, la foto se viralizó mucho, tuvo mucha repercusión mediática, la gente te llama, te pregunta cómo estás, qué pasó. En realidad, la verdad es que físicamente estoy bien, estoy entero, no me pasó nada. Pero sí podía haberme pasado algo mucho peor, como le pasó a la compañera de Telefe, que tiene siete balas de goma en el cuerpo, en la espalda, tenía dos alojadas que se las estaban por sacar estos días. Qué sé yo, psíquicamente uno sigue trabajando, pero bueno, cada vez que va a una manifestación de estas, desde lo de Pablo Grillo, no sabe muy bien cómo va a terminar. Entonces es algo que ya se normalizó y eso es lo peligroso: normalizar la represión, normalizar la violencia, normalizar el trabajar como si estuviéramos en un escenario de guerra.
Pablo Seoane: —¿Qué te pasaba a vos antes de esa situación? Más allá de que ahora va a ser otra la situación, imagino, ¿te cuidabas ya? ¿Estabas con todas esas contemplaciones vinculadas un poco con lo que me acabas de decir, con Pablo Grillo, con otras represiones que no necesariamente tuviera una periodista, pero que sin embargo no dejan de poner en riesgo a un ser humano? ¿Qué te pasaba y cómo transcurrió esa tarde en términos de cómo la veías venir?
Guido Piotrkowski: —No, a ver, yo me cuido con máscara, con antiparras, con casco, pero bueno, lo que pasa es que desde que fue lo de Pablo Grillo vamos así, nunca se sabe cómo iba a terminar. Dos meses atrás tuvimos una represión muy feroz también, cuando fue la ley de tierras… Es muy difícil trabajar en esas circunstancias, de esa manera. El otro día los gases, mirá, me enteré el otro día que tuvimos una reunión con algunos compañeros y nos explicaban que cuando hay baja presión, los gases quedan flotando más tiempo ahí y por eso te afectan más. Entonces estábamos todos con máscaras, con antiparras y estábamos todos, digamos, tosiendo y llorando con los ojos que no veíamos nada, eso más la lluvia, más todo, era todo un desastre. Si vos ves algunas fotos, era un escenario apocalíptico. Y hay momentos de mucha confusión, después de repente se calma y de repente vuelve la confusión. Bueno, y en ese devenir yo había quedado fuera de combate tres veces por los gases, me había tenido que retirar un poco, agachar porque sentí que me ahogaba, porque no veía nada.
Pablo Seoane: —Y en ese devenir, en un momento, ¿qué pasó con el disparo? Contanos cómo se dio la secuencia exacta.
Guido Piotrkowski: —Yo estaba medio retirado, en esos intervalos de calma que cada tanto suceden. Y de repente una valla se cae y los policías federales en vez de levantarla y seguir reprimiendo desde atrás de la valla, que no es lo correcto pero sería lo racional, se asomaron y yo los vi asomarse, yo vi lo que estaban por hacer porque uno más o menos ya conoce lo que va a pasar. Y bueno, ahí fue como… yo estaba casi en línea recta, un poco en diagonal, y vi que se estaban asomando y ahí levanté la cámara. El otro día estaba revisando las fotos, hice siete u ocho disparos y en el último es el que se ve salir las balas de goma y el que me impacta en mi pecho, entiendo, porque después no hizo más disparos, entonces entiendo que ese disparo impactó en mi pecho e instantáneamente bajé la cámara y sentí cómo me dolía y cómo me ardía. Quiero decir, disparamos al mismo tiempo: yo vi al tipo por el visor de mi cámara cómo me miraba y cómo me apuntaba, y me adelanté como en el fútbol a la jugada, lo vi un segundo antes.
Pablo Seoane: —Ahora, habrás hablado con médicos, ¿no? ¿Podría haber sido mucho más grave esto porque fue al pecho?
Guido Piotrkowski: —Sí, sí, podría haber sido mucho más grave. Fue al pecho y, bueno, si iba más arriba podría haber ido a los ojos y no sé qué hubiera pasado si me iba a las antiparras, no sé si las antiparras se la bancan o no. Si estaba más cerca me podía haber hecho mucho más daño, podía haber tenido la bala alojada en el pecho.
Pablo Seoane: —¿Y ahí qué pasó? ¿Te caíste? ¿Estuviste desvanecido un tiempo? ¿Qué fue lo que le pasó?
Guido Piotrkowski: —No, no, la verdad que no. Casi me desvanezco por los gases y tuve que retirarme un poco y agacharme y sentir que me ahogaba, sentir que me desmayaba o que me mareaba porque se te nula la vista, te lloran los ojos. Eso duró un rato hasta que están los compañeros de la posta de salud que te ayudan, que vienen en ayuda y nosotros entre nosotros nos cuidamos también, entre los compañeros, las compañeras, siempre estamos ahí para dar una mano. Entonces siempre viene uno que te acerca un limón, solución fisiológica. No, la verdad que por suerte no fue nada, no tengo secuelas, no tengo nada, pero el hecho no es si fue grave o no, digamos, porque tenemos el antecedente de Pablo Grillo y después cada tanto la ligamos, los jubilados la ligan todos los miércoles, los discapacitados cada tanto también, los médicos de Hospital Borda, los vendedores ambulantes, los docentes. O sea, ya es como demencial y todo es como “bueno, pasó”, un título más cuando lo dan porque ya los medios…
Pablo Seoane: —¿Página 12 o vos van a iniciar acciones judiciales?
Guido Piotrkowski: —No, no, por ahora creo que no. Todavía no está identificada la persona, hasta donde yo sé. Sé que ha habido algunas cuestiones colectivas con SipreBA y con Argra que se han hecho, pero no nos han dado lugar porque las demandas colectivas no sé qué. Yo salí a hablar un montón estos días, estoy saliendo ahora con ustedes. Digamos, estamos para visibilizar el tema, ¿no? Creo que si hubiera sido más grave, no sé, quizás sí, habría que ver, ¿no? En este caso, supongo que no. Pero lo que quiero decir es que nosotros estamos para visibilizar esta situación, nosotros los periodistas, ustedes de la radio, los que estamos en la calle, los que están en la redacción, los cronistas de tele que están también en la línea como nosotros. Si bien los reporteros gráficos creo que tenemos el récord de ligar gas y palos, y hasta tuvimos el año pasado un compañero que fue arrestado unas horas, Tomás Cuesta, qué sé yo, están como muy ensañados con nosotros porque no quieren por un lado que se muestre lo que pasa, no quieren que se muestre la protesta social, pero también por el otro lado la represión tiene que ver con algo de mostrar para los suyos. Entonces hay dos lecturas que se superponen: una, pegarnos a nosotros y amedrentarnos, y otra, para sus seguidores, sus votantes, su núcleo duro. Quisiéramos que fuera de otra manera, que pudiéramos trabajar en un país normal, en situaciones normales y no de escenario de guerra, pero también creo que es necesario que estemos. Nosotros somos un canal para contar lo que pasa, no queremos ser héroes, no queremos ser víctimas, por supuesto tenemos que estar ahí porque es lo que nos gusta hacer, lo que elegimos hacer, es nuestro trabajo, nuestro oficio. Pero es cierto que trabajar en la Argentina de hoy para la prensa es muy difícil, en la calle e incluso para los periodistas que investigan el poder.
