César Bordón es de esos actores cuya sola presencia física e intensidad interpretativa imprimen una marca indeleble en la pantalla. Con un recorrido versátil que transita sin despeinarse entre la comedia, el policial y la tragedia, el actor repasa su trayectoria en un momento de plena madurez artística, marcado por estrenos en el cine independiente y un esperado regreso a las tablas teatrales.

En el cine, Bordón forma parte de Canelones, el proyecto cinematográfico impulsado por Hernán Casciari mediante el sistema de financiamiento colectivo (crowdfunding). En este thriller con tintes bizarros, el actor compone a Daniel, un personaje complejo y atravesado por el dolor, la culpa y la desesperación. Durante la charla, Bordón destaca la libertad creativa que ofreció esta producción independiente y la particularidad de haber sido seleccionado para el papel mediante la votación directa de los propios productores asociados.

El encuentro también da lugar para la memoria emotiva: desde sus primeros pasos profesionales como cajero en un restaurante de la avenida Callao a mediados de los ochenta —época en la que devoraba películas en los cines del centro porteño— hasta el fenómeno internacional que significó su interpretación de Hugo López en Luis Miguel, la serie. Ese papel no solo le otorgó una visibilidad global, sino que reconfiguró su estatus en el mercado audiovisual argentino, sumándose a composiciones memorables en producciones como Relatos Salvajes, Casi Ángeles y la película Nair.

Como cierre de esta etapa prolífica, el actor celebra la vuelta de un hito en su carrera: la obra No me dejes así, escrita junto a Mauricio Kartun. A 25 años de su estreno original y tras dos décadas sin representarla, la pieza regresa a la cartelera porteña en el Teatro Timbre 4 con entradas agotadas desde el primer día de venta, reconfirmando la mística de un clásico del teatro independiente que mantiene intacto su vínculo con el público.

Pablo Seoane.: César, estás volviendo al teatro con No me dejes así, la obra que cuenta con la colaboración autoral de Mauricio Kartun. ¿Qué representa este regreso después de tanto tiempo?

César Bordón: Es un divertimento que me puedo dar porque tengo ganas de hacerlo y porque me encanta la obra. La estrenamos hace 25 años, la hicimos durante cinco y hace 20 que no la presentábamos. Fue una obra muy reveladora. Nos juntamos cuatro amigos para despuntar el vicio en el circuito off, en el Teatro Picolino, metiendo cuatro o cinco personas por función. Hasta que vino el crítico Pablo Gorlero, sacó una reseña excelente en La Nación —cuando las críticas todavía llevaban a la gente a las salas— y empezamos a llenar cuatro funciones semanales. Después ganamos la Fiesta Internacional del Teatro, hicimos giras por todo el país, fuimos a España, Colombia, Uruguay, Brasil… Me abrió muchísimas puertas en el cine y hoy, 20 años después, decidimos agradecerle a ese espectáculo volviendo a las tablas en Timbre 4.

P.S.: ¿Cómo fue el proceso de construcción de Daniel en la película Canelones? Es un personaje con muchos matices y colores.

César Bordón: La película propone varios colores porque parte del universo de Casciari, donde el límite entre la verdad y la ficción siempre es difuso. Aunque es un thriller, me gusta definirlo como un thriller bizarro, porque los personajes son graciosos por momentos, a veces a su pesar o en medio del absurdo. Daniel surge de un spin-off de ese cuento donde se le hace una broma telefónica trágica a una madre. Mi personaje tiene el corazón partido por su madre y sufre mucho dolor. En algunas personas el dolor genera esperanza, pero en otras las lleva a tomar malas decisiones o a transitar el sufrimiento en cada acto. Está interpelado por el amor, la culpa y la circunstancia.

P.S.: ¿Cómo se dio tu llegada al proyecto considerando su particular sistema de producción?

César Bordón: Con Casciari ya nos conocíamos y yo había leído algún cuento para sus proyectos en Orsay. La película se financió mediante crowdfunding, con miles de personas poniendo desde 100 dólares en adelante. Eso logró un presupuesto muy saludable para una producción independiente y nos dio mucha libertad. Además, los productores asociados tuvieron la oportunidad de votar entre varios actores por rol, y tuve la suerte de ser elegido. Un sistema muy democrático.

P.S. Has interpretado a hombres muy oscuros o temibles, pero también a personajes cómicos o sumamente sensibles. ¿Te atrae más componer a los villanos?

César Bordón: Los malos son muy divertidos de hacer, pero ningún personaje se siente malo a sí mismo; algunos son impunes, otros obscenos o dañinos por el poder que ejercen. A mí me gusta recorrer todo el abanico. Tuve la suerte de hacer humor en La Banda de la Risa o con Gasalla, y también componer personajes profundamente humanos y sensibles como Hugo López en la serie de Luis Miguel o el padre de Cris Miró. Mi mayor privilegio como actor es transitar diferentes géneros para no quedar encasillado.

P.S.: En tus inicios, antes de consolidarte en la actuación, vivías en la zona de Callao y Corrientes. ¿Qué recuerdos tenés de esa época?

César Bordón: Entre 1983 y 1987 trabajaba de cajero en un restaurante vegetariano sobre Callao y alquilaba un departamento ahí cerca. Tenía la rutina de salir del trabajo y meterme a cualquier cine de la avenida Corrientes a ver lo que estuviera en cartelera. Vi grandes producciones del cine argentino de posdictadura como Tiempo de Revancha, Plata Dulce, No habrá más penas ni olvido o Los chicos de la guerra. Disfruté muchísimo del cine en aquellos años.

P.S.: La interpretación de Hugo López en Luis Miguel, la serie fue un punto de inflexión. ¿Qué cambió a partir de ese trabajo?

César Bordón: Me posicionó de otra manera, sobre todo en Argentina. Acá existe cierta mirada donde el que trabaja afuera o tiene un éxito masivo internacional entra en un valor especial, como el jugador que llega al Real Madrid. En el exterior ya conocían mi trabajo por cine —como Relatos Salvajes o La mujer sin cabeza—, pero esta serie fue un fenómeno global. Tenía situaciones insólitas: gente que me llamaba para pedirme consejos de representación artística o músicos que querían que los manejara porque veían al personaje y no separaban al actor.

P.S.: Con el padre de Nahir Galarza en la película Nair tuviste que encarar a otro personaje real, pero desde un lugar muy distinto…

César Bordón: Totalmente diferente. Hugo López era alguien real pero desconocido en el imaginario popular, lo que me dio libertad total para componerlo a mi manera. En cambio, al padre de Nair la gente lo tenía muy presente por las entrevistas y las noticias. Eso me obligó a observarlo más en detalle para construir una figura que el público pudiera reconocer, respetando ciertas pautas visuales y gestuales sin caer en la imitación exacta.

P.S.: Para terminar, respondamos rápidamente algunos mitos de internet sobre tu vida personal: ¿cuadro de fútbol, manejo y deportes?

César Bordón: Soy hincha de River Plate, me gusta mucho conducir en lo cotidiano antes que me lleven, y de joven mi gran pasión era el básquet. Jugaba de base y estaba convencido de que iba a ser mi profesión, entrenaba al máximo hasta que a los 18 años la realidad me mostró que no daba la proyección por la altura y tuve que recalcular el rumbo.