La música en vivo tiene una mística especial, pero la previa de un show guarda secretos e intimidades que pocas veces el público puede presenciar. En esta oportunidad, la previa nos encontró a una cuadra y media del estudio de radio, sobre la calle Larrazábal en el corazón de Mataderos. Allí, en un acogedor espacio cultural que combina buena gastronomía con excelente acústica, la expectativa crecía para recibir a verdaderos maestros de la música rioplatense: el Cuarteto Oriental.

Integrado por referentes uruguayos como Alejandro Luzardo, el “Sapo” José Luis Martínez, Claudio Martínez y el icónico bajista Daniel Massa, el ensamble prometía una velada a puro candombe, funk y fusión. Daniel Massa no es solo un bajista de renombre internacional que ha grabado con figuras como Celia Cruz, Rubén Rada, Hugo Fattoruso o Luis Salinas; es además un personaje entrañable con un pasado curioso como lateral derecho en el fútbol uruguayo y un oído absoluto para pescar melodías en el aire.

Minutos antes de salir a escena, mientras sus compañeros afinaban los detalles de la prueba de sonido, el maestro hizo una pausa para conversar telefónicamente con nosotros. Habló sin rodeos de todo: su salud tras una reciente operación de vista, la situación económica, el arte de componer sin forzar el talento y la filosofía de un instrumento que, según él, mueve al mundo sin que nadie se dé cuenta.

A continuación, compartimos los tramos más jugosos de un diálogo con nuestro editor, Pablo Seoane, en el que redundó la amenidad, entre risas, anécdotas de giras maratónicas y reflexiones profundas sobre la fuerza motora de la música.

Entrevista a Daniel Massa

Pablo Seoane: Daniel, gracias por interrumpir el ensayo para atendernos. Dijimos recién al aire que de joven eras un gran lateral derecho en Uruguay, ¿era tan así?

Daniel Massa: (Risas) ¡Totalmente! Allá en Uruguay le dicen “half derecho”. Pero en un momento me dijeron: “Vos, maestro, dejá el puesto para otro”. Y bueno, el número 4 evidentemente tenía mucho que ver en mi vida: hoy toco en un cuarteto y mi instrumento es el bajo.

P.S.: ¿Qué repertorio están transitando esta noche con el Cuarteto Oriental?

D. M.: Vamos a hacer varios temas míos, de mis discos, y otros que tocamos hace años con el Ale Luzardo y el Sapo Martínez. Nos conocemos tanto que ya sabemos todo del otro. También Claudio se canta unas canciones muy candombleras. Hacemos una mezcla de candombe, funk y lo que nos gusta, más bien fusión de música uruguaya. La música de allá es candombe mezclado con algo que no se sabe bien qué es, pero es bien uruguayo.

P. S.: ¿Cómo les va con el cuarteto cuando se presentan allá en Uruguay?

D. M.: Tocamos poco allá porque cada uno tiene sus proyectos individuales. El Ale tiene los suyos, Claudio también, el Sapo tiene mil grupos… Entonces coincidimos poco. Por eso nos va tan bien: como nos juntamos de vez en cuando, cada show es especial. Tenemos una hinchada que no es gigante, pero es súper fiel. Mientras haya gente escuchando, lo demás es puro cuento.

P.S.: Pasando a lo personal, sabemos que estuviste atravesando algunas complicaciones de salud en la vista, ¿cómo estás hoy?

D. M.: Vengo peleando con un ojo desde la pandemia, cuando me dio una trombosis. A partir de ahí fue un lío: se me pega la retina, se despega… Hace poco me volvieron a operar para bajar la presión del ojo. Pero sacando eso, está todo bien. Sigo tocando un montón, mis hijos tienen trabajo y mis nietos están bien. En lo personal estoy contento, aunque después ya sabemos cómo está la mano en general para todos, peleándola como locos porque está difícil.

P. S.: Con tanto rodaje encima, ¿cómo es tu proceso para componer nuevos temas hoy en día?

D. M.: Yo no me siento a componer: me encuentro los temas. Envidio a la gente que se sienta y dice “hoy voy a escribir dos canciones”, yo no puedo hacer eso. A mí las canciones me aparecen por alguna cosa que hace un nieto, un vecino o algo que me pasa. Me las encuentro en el bajo, en la guitarra o incluso viajando; grabo una melodía con el celular y después me vuelvo loco para recordar cómo la acompañaba, pero siempre las saco a flote.

P.S..: Compartiste escenario y grabaciones con monstruos como Celia Cruz, Ed Motta, Shakatak, Salinas… Y también tuviste tu paso por la música tropical. ¿Toda esa variedad aparece cuando componés?

D. M.: Inevitablemente. Adentro de la cabeza tengo un menjunje bárbaro porque me gusta todo. De repente compongo un bolero con aire de tango, o una balada, o una cumbia fusionada con jazz. En las giras tropicales hacíamos 22 bailes por fin de semana, bajándonos del colectivo a tocar un tema e irnos corriendo al siguiente boliche. Todo lo que escuchaste y viviste en la vida termina apareciendo cuando hacés música.

P. S.: Para cerrar, tenés una frase célebre sobre el rol de tu instrumento en el escenario. ¿Qué es verdaderamente el bajo?

D. M.: La gente baila con el bajo pero no se da cuenta, no lo sabe. Una vez tocando con Celia Cruz, le dije al director que el bajo estaba muy fuerte. Me miró y me dijo: “No Daniel, la gente baila con el bajo”. Hicimos la prueba: estábamos en pleno show con la pista llena, corté el bajo de golpe y todo el mundo se frenó a mirar al escenario. Sentían que faltaba algo pero no sabían qué era. Si le sacás los graves a la música, no hay nada; es el pulso que te pega en el pecho.