En la historia de la música argentina existen figuras clave cuya labor se desarrolla tras bambalinas, pero resulta indispensable para preservar el patrimonio cultural. Piero Carpín es una de ellas. Con una trayectoria extensa como jefe de prensa de grandes discográficas multinacionales, productor y manager, Carpín ha dedicado las últimas décadas a rescatar el legado sonoro del país. Actualmente se desempeña como curador discográfico en el sello Fonocal, donde lidera la recuperación de álbumes emblemáticos de artistas y bandas fundamentales como Vox Dei, Pastoral, El Reloj y Plus.
A lo largo de su carrera, Carpín entabló vínculos profesionales y personales con los exponentes más destacados de la escena nacional. Sin embargo, su relación con Luis Alberto Spinetta ocupa un lugar especial en sus recuerdos. A principios de los noventa, asumió como su agente de prensa de manera independiente para el lanzamiento de Peluson of milk (1991), dando inicio a una etapa de colaboraciones de trabajo y una amistad basada en el respeto mutuo, el humor y la admiración.
En diálogo con nuestri editor, Pablo Seoane, para el programa radial Ponele Rock, Carpín repasó su labor actual como rescatista de grabaciones olvidadas, analizó las transformaciones de la industria discográfica y compartió anécdotas íntimas que reflejan la generosidad y el perfeccionismo del “Flaco” Spinetta.
Pablo Seoane: —¿Cómo te presentarías hoy si tuvieras que completar una planilla en el Aeropuerto?
Piero Carpín: —En este momento soy curador discográfico, porque me estoy dedicando a armar cosas que estaban desarmadas durante muchos años. Mi trabajo es darle forma de vinilo, de CD o de digital a discos que estaban perdidos u olvidados, recuperándolos del olvido o de un cajón. Ya tengo como 150 discos editados en formato físico y otros tantos en digital.
P.S.: —Con sellos como Fonocal rescatás bandas que muchos no conocen o no recuerdan, como Plus. ¿Cómo es ese proceso de restauración?
P.C.: —Plus era una bandaza del oeste con una calidad tremenda, eran como los Led Zeppelin argentinos. Trabajo con derechoshabientes, artistas o producciones que pertenecen a los propios músicos y cuyos contratos ya vencieron. Muchos fanáticos del rock me avisan sobre discos descatalogados, investigo, hablo con los músicos y negociamos. Es un trabajo para el coleccionista, hecho con la credibilidad de haber trabajado honestamente durante tantos años.
P.S.: —Cambiaron los formatos y las disquerías casi desaparecieron. ¿Qué futuro le ves al formato físico?
P.C.: —Lo digital termina siendo un globo, algo que sale y se pierde. El formato físico no desaparece porque cuando compras algo querés tener el objeto en la mano. Me parece que si se acomodan los números del bolsillo, la gente vuelve a comprar discos.
P.S.: —¿Cómo nace tu relación personal y de trabajo con Luis Alberto Spinetta?
P.C.: —Lo conocía de ir a verlo desde principios de los 80, cuando yo era muy joven. En 1993 me lo crucé en una oficina y me dijo: “Yo quiero que vos me hagas la prensa de Peluson of milk, no la gente de EMI, porque vos me entendés”. Fui su agente de prensa durante dos años. Fue un honor. Era un disco que sonó muchísimo gracias a “Seguir viviendo sin tu amor” y a él le sirvió mucho comercialmente.
P.S.: —¿Qué gestos recordás de él en esa época de trabajo compartido?
P.C.: —En una oportunidad me había separado de una novia y estaba muy triste. Luis me dijo: “Venite al estudio”. Fui a la calle Iberá con unas medialunas, y la banda tocó en privado para mí durante dos horas. Me dio un abrazo al salir y me fui a mi casa flotando en una nube. Eso te pinta cómo era como persona.
P.S.: —¿Cómo era Spinetta en la intimidad y en el trabajo de estudio?
P.C.: —Tenía un sentido del humor increíble. Hacía imitaciones, le gustaba el humor bizarro y miraba programas de televisión de los 60. Pero al mismo tiempo era un purista absoluto del audio y un perfeccionista. Cada tres discos cambiaba de banda para buscar renovarse y estar siempre un paso adelante. Un abrazo de él te mejoraba el día; irradiaba una energía especial.
