El legendario baterista Tony Coleman —reconocido mundialmente por haber tocado durante décadas con B.B. King, además de colaborar con figuras como Slash y el recordado Pappo— mantuvo una charla radial con nuestro editor, Pablo Seoane.

El artista se encuentra nuevamente de gira por la Argentina, acompañado por la banda local Aerphonicos y en coincidencia con las proyecciones del documental sobre Pappo Algo ha cambiado (dirigido por Sergio Bonacci La Palma), el músico se explayó sobre su profundo vínculo con el país, su mítica relación con el Carpo y sus sorpresivos planes de fusionar el tango con sus raíces de funk y blues.

Pablo Seoane— Tony, estás de regreso en la Argentina con una gira Federal muy extensa que incluye Rosario, Necochea, Bernal, Chascomús y el Teatro Astros en Buenos Aires. ¿Cómo te preparás para este reencuentro con el público local?

Tony Coleman: — Cada vez que subo al escenario hago todo lo posible para darle lo mejor al público, para que la gente la pase muy bien y sea feliz. Estoy muy entusiasmado con todos los shows que se vienen, especialmente también por la proyección de la película Algo ha cambiado y los eventos en el Malba. La gente en la Argentina siempre es muy amable conmigo, me hace sentir como en familia. No tengo ningún problema aquí, amo este país.

P.S.— ¿Cómo surgió esta conexión musical con la banda Aerofónicos para salir a tocar juntos?

Sergio Bonacci La Palma (intérprete y director): — ¡Es culpa mía que se conozcan! (risas). Cuando Tony vino el año pasado para el estreno del documental en el Bafisi, tenía muchas ganas de tocar blues. Ahí le presentamos a Víctor Sández, bajista y líder de Aerofónicos, y ensamblaron de inmediato como una mano y un guante. Tienen mucha alma y corazón tocando juntos.

P.S.— Tony, vos que sos un baterista de la “vieja escuela” y que has compuesto desde los tambores, ¿cómo es tu proceso creativo a la hora de armar canciones?

T.C.: — Las melodías me dan una sensación y, según cómo me sienta, escribo las letras sobre cosas que he experimentado. Después voy con los músicos, canto y les toco las partes para armarlas en conjunto. Al ser baterista junto con el bajo somos la base, marcamos la fundación y enseguida se acoplan los demás instrumentos. Ellos entienden lo que intento expresar a través de mi cabeza y mi corazón.

— Es inevitable no hablar de tu etapa con el Rey del Blues, B.B. King. ¿Qué significaron esos años para tu vida y qué fue lo más importante que aprendiste de él?

Tony Coleman: — Fue todo: fue la vida. Fue bueno, fue feliz, fue triste, se sintió como una familia recorriendo el mundo entero. De él aprendí que no hay excusas, jamás. Nosotros no vamos a tocar para nosotros mismos, venimos a tocar para la gente y hacemos todo lo posible para mantener el foco en hacerlos felices.

P.S.— Mucho se ha hablado de tu hermandad con Pappo en la Argentina. ¿Cómo nació esa química tan particular entre ustedes?

T.C.: — Pappo es mi hermano, claro que sí. La relación pegó fuerte porque, cuando él conocía a la banda, yo era el único miembro al que le gustaba salir, divertirse y hacer zapadas (jams) después de los shows en lugar de quedarme en el hotel. Compartíamos esa misma energía nocturna que nadie más tenía.

P.S.— Hablando de música actual y de tus influencias, ¿qué estás escuchando por estos días y qué artistas jóvenes te llaman la atención?

Tony Coleman: — Me gustan los músicos que tocan instrumentos reales, soy de la vieja escuela. Escucho de todo, pero me gusta lo que hacemos nosotros juntos en el estudio. Entre los artistas jóvenes sigo a D.K. Harrell y a Cristone “Kingfish” Ingram, a quien vi por aquí en Argentina, que es un genio. Igual, los que más me gustan son todos esos jóvenes músicos negros que tocan el blues y que todavía nadie conoce.

P.S.— Para cerrar, ¿podemos esperar material nuevo tuyo en el corto plazo? ¿Hay sorpresas preparadas?

Tony Coleman: — ¡Sí! Quiero mezclar la música tradicional, el tango argentino, con mi funk. Para mí la música es como un buen almuerzo: me encanta ir a comer rico, pero no quiero comer el mismo plato todos los días, me gustan las cosas diferentes. Hoy, por ejemplo, estuve escuchando tango clásico de Carlos Gardel, y mi gran debilidad gastronómica acá en Argentina, por supuesto, es el asado. ¡Estoy listo para celebrar mi cumpleaños número 71 aquí el próximo 12 de agosto y darlo todo en el escenario!