El reconocido dramaturgo, director y docente argentino conversó en exclusiva con nuestro editor, Pablo Seoane. Durante la entrevista radial, se abordaron temas como el éxito de su obra Baco Polaco en el Cine Teatro El Plata de Mataderos, las claves de su estilo, su particular proceso de escritura y cómo ve el impacto de las nuevas tecnologías en el arte escénico.
Corridas, baches técnicos de último momento y la adrenalina propia de la radio en vivo. Todo valía la pena con tal de no hacer esperar a uno de los máximos intelectuales de nuestras letras: Mauricio Kartun. Un artista todoterreno que, aunque hoy muchos reconozcan como “el papá de Julián Kartun” (cantante de El Kuelgue y creador del personaje Caro Pardíaco), cuenta con una trayectoria descomunal que incluye clásicos como Chau Misterix, La Madonita o La Viscómica.
Su última proeza es Baco Polaco, una pieza que se presenta en el Cine Teatro El Plata (Alberdi 5765). Basada libremente en Las Bacantes de Eurípides, la obra traslada el mito de Dionisio a la llanura pampeana de los años 30, sumergiendo al espectador en un universo de cartoons, criollos, deseos desbocados y una particular DJ de vinilos.
Tras superar los inconvenientes de la línea telefónica, Kartun atendió el llamado con la calidez y el humor que lo caracterizan.
El nacimiento de un mito pampeano
— Pablo Seoane: Qué hermosura de obra. Tengo entendido que es un texto que ya tiene unos veinte años, ¿no?
— Mauricio Kartun: Mirá, tiene veinte años de escrita la primera versión, pero después le fui metiendo mano. En 2016 hice una nueva versión para presentarla en el Teatro San Martín. En ese momento también tenía terminada La Viscómica y, a la hora de elegir, me decidí por esta última porque requería menos actores y menos rompedero de cabeza con los horarios de ensayo. Luego nos agarró la pandemia y el año pasado sentí que finalmente era el momento de hacerla.
— P.S.: Al verla se siente como estar leyendo un libro en vivo por el engranaje perfecto de las palabras. Además, el elenco la rompe toda.
— M.K.: ¡Están bárbaros! Estos actores fueron seleccionados en audiciones entre artistas egresados de la Escuela Metropolitana de Arte Dramático (EMAD). Uno podría pensar que es una producción de escuela, pero no: vengan a ver a estas seis bestias actorales (Paloma Zaremba, Sole Bautista, Poli Duliski, Nahuel Monasterio, Aníbal Gulluni y José Mérez). Además, Mérez y Gulluni diseñaron todos los efectos de sonido e incluso construyeron algunos de los instrumentos que suenan allí. Es un elenco sorprendente, ni una fisura.
“Al principio me cagué un poquito porque estrenar en la Sala Sarmiento era jugar en una cancha más grande de la que suelo usar, pero fue la gran oportunidad de probar algo nuevo y por suerte salió bien”.
— P.S.: ¿Cómo surge esta historia? ¿Hubo algún disparador coyuntural?
— M.K.: Los orígenes de los procesos creadores a veces no tienen el mismo prestigio que alcanzan las obras (risas). Esto nació después de tomarnos tres botellas de vino con el elenco de La Madonita al terminar la temporada. Nos fuimos a comer —los elencos se vuelven una familia sustituta— y me dijeron: “Che, Kartun, escribite otra y seguimos laburando”. Justo había una convocatoria de la Fundación Konex para adaptar una tragedia griega. Me puse a leer un libro hermoso de Jan Kott, El manjar de los dioses, llegué a Las Bacantes y me entusiasmé. Fui tirando ideas de quién sería quién en nuestro contexto. Al final no la eligieron en ese concurso, pero quedé tan “manija” con ese mundo en la cabeza que la escribí igual.
Encontrar el estilo en el “propio barro”
— P.S.: Tus obras tienen un sello muy marcado. ¿En qué momento de la vida un creador se da cuenta de que está construyendo un estilo propio?
— M.K.: El día que te das cuenta de que uno no es el poeta que quiere, sino el poeta que puede. Si te apoyás en tu propio barro, podés hacer alfarería; no necesitás barro ajeno. Uno empieza a entender que nuestro capital imaginario es lo que vivimos, lo que leímos, lo que nos contaron y lo que nos conmovió. Yo tuve la suerte de tener grandes maestros que me indicaron muy bien el camino, como Ricardo Monti. Quien se vincula con su propio imaginario tiene materia para escribir toda la vida.
— P.S.: ¿Y qué pasa con el mito de la página en blanco? ¿Cómo lo manejás frente a la máquina de escribir o el cuaderno?
— M.K.: Yo escribo manuscrito primero. El fenómeno de la página en blanco tiene que ver con tener la cabeza en blanco, y a mí no me pasa porque hago un largo proceso previo de meses de lo que llamamos “acopio”. Ando con una libretita anotando palabras, gestos, referencias o acciones de los personajes. Cuando llego a escribir, tengo un soporte muy grande y voy entusiasmado. La escritura necesita maceración, es un hecho lento, y hacerlo despacio tiene sus virtudes y su placer.
La Inteligencia Artificial y el futuro del teatro
Al ser consultado sobre el avance de las nuevas tecnologías, el dramaturgo se mostró cauto pero confiado en la naturaleza única del arte escénico. Explicó que mira a la inteligencia artificial “con sospecha y desde la vuelta de la esquina”.
— M.K.: Hace poco fui jurado de un concurso de micromonólogos de Teatro x la Identidad y saltaba a la vista cuando un texto estaba escrito con IA. Se nota. Además, la inteligencia artificial puede trabajar sobre las viejas convenciones, pero nunca inventar convenciones nuevas; ahí está la riqueza del teatro hoy.
Por otra parte, el director enfatizó que el teatro es, por definición, un “reservorio de la actividad corporal” y que es imposible prescindir de la presencia física. Si se intentara reemplazar a los intérpretes con avatares, el espectador perdería la capacidad de sorprenderse. “Por ahora, todavía le ganamos fácil”, sentenció con optimismo.
El humor como estrategia y el paso del tiempo
— P.S.: En tus obras siempre hay profundidad, pero el humor nunca falta. ¿Qué significa ese vector para vos?
— M.K.: Hay dos razones: una personal y otra estratégica. La personal es que soy un tipo que disfruta del humor y si algo no me divierte, sospecho de ello. El humor es el gran mediador para reírte de los problemas y dormir bien. Estratégicamente, cuando escribís teatro, la convención básica es mantener al espectador despierto, y la única manera es sorprenderlo continuamente. El chiste es una sorpresa infalible. Cuando te reís, entrás en un estado estático, te entusiasmás y entrás en contacto franco con lo que estás viendo.
"La risa es una orgía privada".
— Mauricio Kartun
— P.S.: Para cerrar, ¿cómo te llevás con el paso del tiempo? Se te ve muy activo.
— M.K.: El paso del tiempo nos preocupa a todos, pero uno de los ejercicios más saludables del ser humano es la negación, hacerse el boludo (risas). Trato de ignorarlo mientras el cuerpo me ayude y lo compenso con trabajo. Yo laburo mucho más desde que me jubilé que antes. Ahora no tengo horarios fijos en la escuela de arte dramático, así que compenso manteniendo la cabeza en actividad con los espectáculos que tengo montados.
— P.S.: Es que ser jubilado hoy en día es un laburo de riesgo en este contexto… ¿Cuál creés que es la función del artista en este momento donde la cultura está tan desfinanciada por el gobierno?
— M.K.: La función del arte es mirar la realidad y devolver esa mirada desde otro punto de vista, angulado, para que el espectador sume perspectivas a las suyas. Por eso el arte es tan sano en momentos controvertidos. Hoy estamos desfinanciados y en un estado de desequilibrio peligroso; el Instituto Nacional del Teatro ya no tiene plata ni da subsidios. Todo lo maravilloso que se construyó en los últimos 22 años con la Ley Nacional de Teatro está desapareciendo. Es un momento crítico.
