El domingo 21 de diciembre, Benito Cerati se presentó en el Anfiteatro de Parque Centenario con Paseando por Sueño Stereo, un homenaje al último disco en estudio de Soda Stereo. Una propuesta a priori muy atractiva que tenía destino de plan antidomingo perfecto. Aunque tanto desde la organización, como desde la Policía de la Ciudad, se encargaron de empañar innecesariamente la jornada. Unas 50 personas quedaron afuera, porque desde la seguridad del show aducían que no había espacio. No obstante, prometieron resolverlo y pese que salieron más de 100 personas y liberaron butacas, nunca dejaron entrar las que esperaban detrás de la reja.

Asimismo, el operativo policial fue totalmente desmesurado: unos -aproximadamente- 10 agentes armados se parapetaron para enfrentar a tan solo 50 personas, cuya actitud más peligrosa fue cantar débilmente: “Queremos entrar”.

El editor de Ciudad de Culto, Pablo Seoane, se acercó a la reja para ingresar como trabajador de prensa con su carnet otorgado por el -entonces- Ministerio de Trabajo y quien se presentó como organizador respondió que si no estaba acreditado no podía entrar. Argumento falso, ya que la documentación mencionada habilita a los periodistas a asistir a espectáculos públicos y gratuitos sin acreditación alguna.


La tarde noche terminó en un foco de tensión en vano. Ni siquiera pudieron ingresar músicos invitados por el artista que estuvieron reunidos o se enviaron mensajes unas horas antes del show. Un proceder totalmente insólito.

Crónica de una espera infructuosa

Analía Branca, una de las asistentes afectadas, relató en una entrevista radial con nuestro editor la frustración de quedar fuera de un evento público y gratuito a pesar de haber llegado pocos minutos después del inicio. “Llegué 8:10 y las puertas ya estaban cerradas. Éramos apenas 40 o 50 personas reclamando entrar de manera pacífica”, explicó.

El punto de mayor conflicto se dio cuando la propia seguridad del predio comenzó a contabilizar a las personas que abandonaban el recinto. “Salieron aproximadamente 80 personas y, aun así, no nos dejaron pasar. El permiso formal no estaba y nadie tuvo la cintura para organizar un ’10 salen, 10 entran'”, señaló Branca.

Denuncias de maltrato y “militarización” del espacio público

Uno de los puntos más críticos del relato fue el arribo de las fuerzas de seguridad. Los testigos calificaron de “delirio” la llegada de “15 policías armados” para controlar a un grupo reducido de personas que no presentaban ninguna amenaza.

“Eran cinco o seis policías frenándonos a dos mujeres que solo queríamos identificar al responsable. Es inentendible cómo un anfiteatro en un parque abierto está enrejado y custodiado como si fuera una zona de guerra”, denunció la vecina.

La respuesta oficial: la ley del aforo

Ante los reclamos, Demian Kaltman, coordinador de producción del anfiteatro, argumentó que el lugar tiene un aforo estricto de 1.640 personas, basándose en la Ley 5.641 de espectáculos masivos de la Ciudad. Sin embargo, los afectados insisten en que la cifra de personas que salieron del predio durante el recital era suficiente para permitir el ingreso de quienes esperaban afuera.

Puntos clave del reclamo vecinal:

  • Falta de criterio: No se permitió el ingreso ni siquiera a dos prensas, ni a músicos que figuraban en la lista de invitados.
  • Inseguridad jurídica: Cuestionan por qué un espacio público permanece enrejado y con tal despliegue policial frente a un público familiar y pacífico.
  • Arbitrariedad: Denuncian que solo se permitió el paso a una mujer mayor y, más tarde, a un hombre que “dijo que iba al baño”, mientras se bloqueaba el acceso a las mujeres que pedían explicaciones.

El espacio público en debate

Tanto la entrevistada como el conductor del programa coincidieron en que este episodio refleja una gestión deficiente del espacio público en la Ciudad. “Aumentan la tensión de forma innecesaria. Nos podemos cuidar de otra manera sin necesidad de rejas y armas en un evento cultural”, concluyeron.