Con el nuevo valor de la Unidad Fija, las infracciones de tránsito en territorio porteño han alcanzado cifras récord. El esquema, que se actualiza semestralmente según el precio del medio litro de nafta de mayor octanaje, coloca a las faltas más graves —como el exceso de velocidad extremo— en un techo de $3.799.960. Esta normativa, plenamente operativa hasta septiembre, busca no solo recaudar sino forzar un cambio en la conducta vial mediante sanciones que, en muchos casos, superan el millón de pesos.

El costo de las infracciones más frecuentes

El cuadro tarifario actual transforma distracciones cotidianas en deudas significativas. Cruzar un semáforo en rojo, por ejemplo, puede costar hasta $1.424.985, mientras que conducir bajo los efectos del alcohol ahora conlleva penas de hasta $1.899.980, dependiendo del dosaje detectado.

Otras multas que escalaron considerablemente son:

  • Tapar o adulterar la patente: $949.990.
  • Uso del celular al volante o no usar cinturón: $94.999.
  • Circular sin VTV: Desde $94.999 hasta $379.996.
  • Mal estacionamiento: $94.999 (esta cifra se duplica si se obstruyen rampas para personas con discapacidad o paradas de colectivo).

Consecuencias más allá de lo económico

Es importante recordar que el impacto de estas multas no termina en el pago. En la Ciudad de Buenos Aires, las infracciones pendientes actúan como un bloqueo administrativo para trámites esenciales:

  1. Renovación de la licencia: No se puede obtener el registro si existen deudas de tránsito.
  2. Venta del vehículo: Las multas “saltan” en el informe de dominio y deben cancelarse para transferir el bien.
  3. Prescripción: Aunque los montos son elevados, las multas prescriben a los cinco años, sin importar su gravedad.