En una resolución clave para la preservación de la identidad porteña, la Sala III de la Cámara de Apelaciones ordenó el pasado 31 de marzo la suspensión inmediata de cualquier obra de demolición sobre el Luna Park. La decisión de los camaristas Zuleta y Seijas llega para revertir un fallo de primera instancia que permitía al Gobierno de la Ciudad y al Arzobispado (propietario del inmueble) avanzar con un proyecto que implicaba derribar el 90% de la estructura histórica.
El Luna Park no es solo un estadio; es un Monumento Histórico Nacional y cuenta con un nivel de protección estructural, lo que prohíbe taxativamente aumentar su volumen o alterar sus elementos esenciales.
El conflicto: ¿Modernización o destrucción?
El proyecto aprobado inicialmente por la Ciudad preveía una transformación radical que la Justicia ahora califica como un “daño irreversible”:
