Caminar por Recoleta invita, casi siempre, a levantar la vista. Sin embargo, hay una esquina que obliga a detenerse: Riobamba y Arenales. Allí se alza el Edificio Cameru, una construcción que parece extraída de un boulevard parisino pero que encierra secretos puramente porteños. Es una obra del arquitecto Paul Pater que fascina por su estilo Beaux Arts, sus departamentos de lujo y una inscripción cuyo origen nadie logra explicar.

El nombre no figura en los planos originales ni pertenece a una familia fundadora. El edificio es bautizado así por los vecinos y curiosos debido a una misteriosa inscripción grabada sobre su puerta de entrada. Aunque para muchos es un enigma, otros lo asocian simplemente a la impronta personal de su creador, el reconocido arquitecto francés Paul Eugène Pater.

Un autor de renombre

Pater no fue un arquitecto cualquiera. En su portfolio destacan edificios que hoy son patrimonio nacional:

  • Palacio Ortiz Basualdo: Actual sede de la Embajada de Francia.
  • Tigre Club: Hoy el Museo de Arte de Tigre (MAT).

En el Cameru, Pater desplegó un estilo ecléctico con toques de Art Nouveau y Secesión Vienesa. El detalle más icónico es su remate: tres cúpulas simétricas. Sin embargo, el paso del tiempo dejó su marca: la cúpula de la ochava hoy es solo un “esqueleto” metálico, ya que su restauración costaría más de USD 1.500 por metro cuadrado, una cifra inalcanzable para la mayoría de los consorcios.

Lujo de otra era: así es por dentro

Vivir en el Cameru es habitar la historia. El edificio cuenta con unidades que superan los 230 metros cuadrados, con techos de 4,5 metros de altura y molduras originales.

  • Materiales nobles: Pisos de roble de Eslavonia y pinotea, herrajes de bronce y vitraux artesanales.
  • Ascensores “jaula”: Se conservan los elevadores originales de hierro trabajado.
  • Valor de mercado: Las unidades en este edificio pueden superar los USD 750.000, dependiendo de su estado de conservación.

De la cocina gourmet a la protección patrimonial

La planta baja también tiene su historia. Durante años, la esquina fue el hogar de “El Cervatillo”, un restaurante emblemático famoso por su salmón al vino blanco que marcó una época en la gastronomía del barrio.

Hoy, el edificio cuenta con protección patrimonial, lo que garantiza que su fachada —un catálogo de rejas trabajadas, aberturas diversas y balcones encubiertos— no pueda ser alterada, preservando para siempre el paisaje francés que define a esta zona de la Ciudad.