En el corazón de Recoleta, una propuesta disruptiva está captando la atención de quienes buscan escapar, aunque sea por una hora, del ritmo frenético de las notificaciones de WhatsApp. Se trata de Posdata Café Postal, el primer establecimiento en Argentina que fusiona la experiencia de una cafetería de especialidad con el ritual completo de la correspondencia antigua.
Un ritual analógico en el siglo XXI
La propuesta, liderada por su creadora Carolina, no se limita a la estética. El lugar invita a los clientes a protagonizar el proceso de escritura de una carta de principio a fin:
- El proceso: Los visitantes pueden escribir a mano sobre papel seleccionado, elegir sobres y utilizar sellos de bronce.
- El detalle: La experiencia incluye el uso de lacre caliente, que el propio cliente puede manipular para sellar su misiva.
- Envío real: El local funciona como un nodo postal auténtico. Cuenta con 90 casillas de correo por suscripción y permite enviar y recibir cartas desde cualquier punto del país.
Gastronomía y “ahorro” con estilo
Más allá de las cartas, el lugar se posiciona competitivamente en el segmento del café de especialidad. Su carta incluye opciones que van desde un Flat White ($5.000) hasta propuestas más elaboradas como el Tostón de palta con fior di latte ($12.000) o su popular Tostado de chipá con jamón y queso ($10.200).
Un detalle que refuerza la identidad del lugar es su sistema de fidelidad: una libreta de ahorro. En lugar de los clásicos códigos QR, los clientes coleccionan estampillas físicas en cada visita que luego pueden canjear por productos de la carta.
Datos útiles para la visita
- Ubicación: Presidente Manuel Quintana 48, CABA (Recoleta).
- Horarios: Lunes a viernes de 8:00 a 20:00 h. Sábados de 9:30 a 19:30 h.
- Público: Una propuesta que, según sus visitantes, logra cautivar tanto a las generaciones que conocieron el correo postal como a los más jóvenes que lo descubren como una novedad artística.
En un Buenos Aires que este enero no descansa y apuesta a su red de museos y bibliotecas, Posdata se suma como un “refugio cultural” privado que invita a bajar la velocidad y recuperar el valor de la palabra escrita.
