Fundado en 1946, el Club Social, Cultural y Deportivo Larrazábal trasciende su rol deportivo para consolidarse como un faro de organización comunitaria. Desde los primeros acordes de La Renga hasta ser refugio en la crisis de 2001, la institución celebra ocho décadas de compromiso social.
En el límite entre Liniers y Mataderos, sobre la avenida que le da nombre, se erige una institución que es mucho más que un club: es la memoria viva de la Comuna 9. El Club Social, Cultural y Deportivo Larrazábal (Av. Larrazábal 829) cumple 80 años de vida, manteniéndose como un espacio donde la cultura, el deporte y la lucha social se entrelazan de manera indisoluble.
Los orígenes: Un sueño vecinal
La historia comenzó en enero de 1946, cuando un grupo de vecinos decidió fundar un espacio de encuentro. Tras obtener su personería jurídica en 1952, la sede se convirtió rápidamente en un punto neurálgico del barrio. En sus primeros años, el club no solo fomentaba el deporte, sino que albergaba hitos pioneros como el jardín infantil “Topo Gigio”.
Sin embargo, hay un dato que los fanáticos del rock nacional no olvidan: sus paredes fueron testigos del primer concierto de La Renga, marcando el inicio de un vínculo inquebrantable entre el club y la cultura popular.
El club como trinchera social
A lo largo de las décadas, el Larrazábal demostró que su función social iba mucho más allá de las canchas.
- Crisis de 2001: En uno de los momentos más oscuros de la economía argentina, el club abrió sus puertas para funcionar como un nodo de trueque, convirtiéndose en un símbolo de la economía solidaria y la subsistencia barrial.
- Memoria y Justicia: La institución fue fundamental en la creación de la Comisión de la Memoria de Liniers y Mataderos, manteniendo viva la historia local y participando activamente en reclamos históricos como la Escuela N°6 y el Centro de Salud N°4.
Presente: Un polo cultural y de servicios
Hoy, el Club Larrazábal vive un presente vibrante. Lejos de ser una pieza de museo, su agenda diaria refleja la diversidad de los intereses porteños:
- Talleres artísticos: Tango, folclore, teatro, circo y yoga conviven con prácticas de taekwondo y talleres de reciclaje.
- Cine y Formación: Continúa siendo sede de cine debate y ferias de emprendedores, promoviendo la economía social que lo caracteriza desde hace años.
- Servicios a la comunidad: El club funciona como un nexo entre el Estado y el vecino, facilitando jornadas de vacunación y operativos territoriales de organismos como ANSES e INADI.
En resumen, el Club Larrazábal no es solo una estructura de ladrillos; es un faro de organización comunitaria. A 80 años de su fundación, sigue demostrando que los clubes de barrio son la columna vertebral de la identidad de Buenos Aires.
