Aunque el Estadio José Amalfitani es un ícono inseparable del barrio de Liniers, el corazón y la identidad del Club Atlético Vélez Sarsfield están profundamente ligados a la geografía de Villa Luro. En ese suelo, hoy libre de rastros de su pasado deportivo, funcionó entre 1924 y 1940 la primera gran casa del club: el inolvidable «Fortín de Villa Luro».

Para saldar una deuda con la memoria barrial, la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires aprobó la Resolución 473, que establece el reconocimiento a la institución como referente cultural de la zona y dispone la colocación de una placa conmemorativa en la calle Basualdo 460.

Un templo pionero del fútbol argentino

Inaugurado el 16 de marzo de 1924 en la manzana delimitada por las calles Basualdo, Pizarro, Guardia Nacional y Schmidl, el predio contó con las primeras tribunas de madera techadas del país. Bajo la presidencia de José “Pepe” Amalfitani, el club transformó aquel terreno de potreros en un escenario de vanguardia.

El estadio marcó un hito indiscutible el 7 de diciembre de 1928 al albergar el primer encuentro nocturno en la historia del fútbol argentino, gracias a la instalación de un innovador sistema de iluminación artificial. Fue en ese mismo año cuando el periodista Hugo Marini, jefe de deportes del diario Crítica, bautizó al predio como «El Fortín», debido a la apariencia inexpugnable del terreno y a la fortaleza del equipo cuando jugaba de local.

Del desalojo a la refundación en Liniers

La época dorada en Villa Luro tuvo un drástico final en 1940. Tras el descenso de categoría y una severa crisis económica, la institución sufrió el desalojo del predio y las tribunas fueron demolidas.

Sin embargo, Amalfitani impulsó la reconstrucción sobre los bañados del arroyo Maldonado, rellenando el terreno e instalando los viejos tablones de madera traídos desde Villa Luro. Ese campo se inauguró en abril de 1943 y dio paso, en 1951, al actual estadio de cemento.

La futura placa en Basualdo 460 inscribirá formalmente el tributo a un espacio fundacional que, aunque desaparecido de la vista urbana, permanece grabado en la identidad del barrio.