Entre el gas lacrimógeno, la adrenalina y el avance de las fuerzas de seguridad, registrar la realidad en las calles argentinas se ha convertido en una tarea de alto riesgo. En ese escenario opera Susi Maresca, fotoperiodista de extensa trayectoria que ha colaborado con medios como Página/12, Tiempo Argentino y El País. Durante las recientes manifestaciones frente al Congreso, su cámara captó imágenes cruciales que documentaron el accionar policial desde la primera línea de los hechos, revelando detalles que rápidamente cobraron repercusión pública y judicial.

En diálogo radial con nuestro editor, Pablo Seoane, Maresca reflexionó sobre el rol transformador del fotoperiodismo en tiempos de constante precarización laboral y polarización. Para la fotógrafa, registrar la represión no solo busca visibilizar los excesos y la impunidad, sino también evitar que el miedo solape la organización comunitaria y la protesta social que se manifiesta en el espacio público.

Entrevista a Susi Maresca

—¿Cómo fue el momento en que captaste la imagen del comisario de civil disparando en la manifestación?

—Estaba justo detrás del móvil de A12, escondida detrás del camarógrafo, fotografiando esa escena que fue tremenda. En ese momento no le quería dar más relevancia a eso que al motivo de la marcha, porque me interesaba contar la cantidad de gente que había y la movida. Cuando se empezó a viralizar la foto de este sujeto, me puse a revisar toda esa parte de la represión. En las imágenes también se pueden ver las risas de muchos otros que terminaban de disparar y estaban a las carcajadas.

—¿Qué impacto genera ver a efectivos operando de esa manera en medio de la multitud?

—En el momento lo comentamos entre los dos o tres que nos habíamos quedado ahí sobre Yrigoyen. Dijimos: “Che, este tipo está de civil”. Pero a veces cuesta explicar que estás ahí adelante, en la línea de fuego, con toda esa adrenalina. También estamos en un momento donde la narrativa está en disputa. Si solamente mostramos el horror y no mostramos la organización, la lucha y la resistencia, jugamos con la curaduría de las imágenes. Muchas veces reprimen para que lo otro quede solapado y la gente solo tenga miedo.

—¿Pudiste observar si se realizaban disparos dirigidos hacia el suelo, como ocurrió en otros episodios? —Sí, exactamente. De hecho, en esa galería donde sale la primera foto, hay otra donde se ve exactamente que están disparando al ras del suelo; se ve incluso el haz del fuego. Es la misma escena. Además de gasearnos y pegarnos, en ese momento también estamos tratando de conservar nuestra integridad para llegar sanos y salvos a casa.

—¿Cómo evalúas la situación actual del colectivo de fotoperiodistas?

—Estamos muy precarizados, haciendo otros trabajos. A mí me echaron del Ministerio de Cultura de la Nación y desde ahí todo se puso más áspero. Sin embargo, como en otros momentos del periodismo, vamos a sobrevivir porque de alguna manera somos quienes relatamos lo verídico: no hay inteligencia artificial ni precarización que pueda suplantar eso, porque somos los que estamos en el lugar de los hechos.

“Mostrar solo el horror hace que la gente tenga miedo; por eso debatimos qué elementos ayudan a fortalecer la organización comunitaria.”

“No hay inteligencia artificial que pueda suplantar nuestro trabajo, porque somos los que estamos ahí, en el lugar de los hechos.”

“En la línea de fuego, con toda la adrenalina, también estamos atendiendo a nuestra propia existencia para llegar sanos y salvos a casa.”

El testimonio de Susi Maresca reafirma el valor del fotoperiodismo documental como prueba testimonial frente a los abusos de poder y como herramienta indispensable para preservar la memoria colectiva en las calles.