Franco Torchia es un tipo reflexivo, perspicaz, sagaz. No obstante, esa agudeza tan punzante como la presión del filo de un cuchillo, no se advierte en su tono. La calma es su forma de expresión y así responde a cada pregunta: con el tiempo necesario para ser preciso en sus cavilaciones.

En la charla radial con nuestro, editor, Pablo Seoane, el escritor se explaya sobre su consagración escénica en Manifestum, la pieza colectiva que coprotagoniza junto a Marilú Marini en el Teatro San Martín hasta el domingo 16 de agosto. Asimismo, el periodista y conductor reflexionó sobre el deseo, la potencia poética de las disidencias y la convulsión del presente argentino.

—¿Cómo surge tu llegada a Manifestum y qué representa compartir escenario con una figura icónica como Marilú Marini?

—Yo ingresé al proyecto solo para acompañar a Oria Pupo en la selección de posibles textos. Fuimos trabajando por Zoom durante mucho tiempo y, en diciembre, Oria me citó a otra reunión y me propuso acompañar a Marilú en escena. En ese momento sentí que era el mismo que en 1998 la había venido a ver al Teatro San Martín; mi admiración y mi entusiasmo estaban intactos. Fue una experiencia absolutamente transformadora. Trabajar codo a codo con una artista inconmensurable del siglo XX, que sigue siendo una fuerza superviva en el siglo XXI, es incomparable.

“La vida no te pone al lado de Marilú Marini todos los días. Trabajar codo a codo con una artista inconmensurable es una experiencia absolutamente transformadora.”

—Venías del periodismo y de incursiones en el café concert, ¿cómo vivís este cambio de escala en tu faceta actoral?

—Hoy me siento totalmente capturado por la escena. El escenario es el único lugar en el que me gustaría estar en este momento; me resulta una experiencia incomparable. En mi vida personal fue muy difícil darle espacio al deseo, a lo que realmente quiero, más allá de trabajar para sobrevivir. Hoy estoy en un romance total con esto y lo estoy disfrutando.

—La obra aborda relatos en primera persona con una carga política y testimonial muy Fuerte. ¿De qué manera dialogan esos textos con el público?

—Los textos son testimonios de vivencias en primera persona escritos especialmente para el espectáculo por autores como Esther Díaz, Daniel Link o Liliana Viola. Toda la atmósfera —la iluminación de Sol Lopatín, la puesta de Oria Pupo y la música de Diego Vainer— permite devolver a esos discursos activistas una fuerza poética que los deshabitúa y les devuelve sensibilidad. Manifestum imagina un futuro; no se estaciona en denunciar el presente, sino que se proyecta para no perder el derecho a la fantasía y a la ilusión.

“Manifestum no se estaciona en el presente: imagina un futuro para no perder el derecho a la fantasía.”

—En relación con ese presente, ¿cómo analizás la coyuntura social y política actual?

—Exceptuando la dictadura, este es el momento de mayor podredumbre y rotura que la democracia ha tenido desde 1983 a esta parte. Más allá de la represión policial, me preocupa el grado de descomposición emocional e implosión en el que estamos. Hay una incapacidad de reacción porque el ataque es permanente; es una balacera incesante donde la sociedad está sufriendo niveles de angustia e inmovilización gravísimos.

—Además del teatro, estás embarcado en una biografía sobre Manuel Puig. ¿En qué etapa se encuentra ese proyecto?

—Es un proyecto que me propuso Editorial Planeta y que tuve que pausar temporalmente por los ensayos y las funciones. Hice una primera etapa de investigación, archivo y entrevistas. Puig es una figura fundamental: universalizó una serie de códigos queer y disidentes. A su bibliografía le hace falta un libro que esté a tono con semejante figura para la historia de la mariconería universal.

Cuándo y dónde verla

  • Obra: Manifestum (Con Marilú Marini y Franco Torchia. Dirección: Oria Pupo).
  • Lugar: Sala Casacuberta del Complejo Teatral San Martín (Av. Corrientes 1500, CABA).
  • Funciones: De miércoles a domingos (última semana de funciones).
  • Entradas: Disponibles en boletería y sitio web del Teatro San Martín desde $12.000.