La Junta Comunal 13 inició las gestiones para que la histórica panadería Santa Ana sea reconocida oficialmente como Sitio de Interés Cultural de la Ciudad de Buenos Aires. El proyecto busca rescatar no solo la trayectoria comercial del establecimiento, sino también su rol como patrimonio vivo y referente de la memoria colectiva del barrio de Colegiales.

Ubicada en la esquina de Conde 1502 y Virrey Avilés, la panadería fue fundada en 1951 por Benjamín Cires, un inmigrante asturiano. Próxima a cumplir 75 años el 1° de septiembre de 2026, la gestión del negocio continúa en manos de la familia Cires, encabezada por su hijo desde 1998.

Especialidades e impacto en el barrio

A lo largo de las décadas, la panadería desarrolló productos de elaboración artesanal que trascendieron la zona:

  • El “Pan Hueso”: Creado a fines de los años 90 con un moldeado característico de dos masas unidas, se convirtió en la marca registrada del lugar y atrae a clientes de distintos puntos de la Ciudad.
  • Pan Dulce Genovés: Una receta tradicional que la familia elabora durante todo el año y que cobra especial relevancia durante la época festiva.
  • Atractivo turístico e identidad: La esquina cuenta con murales en homenaje a los fundadores y forma parte de las visitas y recorridos turísticos oficiales guiados por el barrio.

Un poco de historia

En medio del proceso de renovación inmobiliaria y gastronómica que vive Colegiales, el pedido de distinción patrimonial busca destacar a los comercios históricos que preservan la atención personalizada y los oficios tradicionales porteños.

En un contexto urbano donde priman las renovaciones comerciales y la publicidad en redes sociales, la panadería Santa Ana se mantiene firme como uno de los comercios tradicionales de Colegiales. Fundada en 1951 por Benjamín Cires padre —un inmigrante asturiano que llegó a la Argentina con 15 años huyendo de la pobreza—, la panadería debe su nombre a Ana, la madre de la familia, inmortalizada junto a su esposo en un mural sobre el lateral del local.

Desde 1998, el comercio está a cargo de Benjamín Cires hijo, quien asumió la conducción tras la enfermedad de su padre y renovó los procesos de elaboración incorporando técnicas de masa madre traídas de capacitaciones en Francia y España.

Buscando una propuesta distintiva adaptada al perfil de los clientes históricos del barrio (en su mayoría adultos mayores), Benjamín creó y registró el “pan hueso” (o “huesitos”):

Tradición familiar y recambio generacional

Tras haber modernizado la cuadra reemplazando el antiguo horno de ladrillos por tecnología de calor envolvente, Benjamín vive sobre el local junto a su familia. Su hija María Candelaria colabora en la caja, mientras que su hijo Santiago, de 13 años, acompaña a su padre desde la madrugada aprendiendo el oficio del amasado y la selección de materias primas para dar continuidad a la historia de la panadería.