En una reciente entrevista radial con nuestro editor, Pablo Seoane, el actor, director y traductor Rafael Spregelburd brindó detalles sobre el reestreno de Tirria en el Teatro Metropolitan. Durante la charla, el artista se refirió al desafío de interpretar a un personaje enmarcado en el absurdo y analizó la importancia del lenguaje y la traducción en la construcción de la identidad cultural.
El reconocido actor, dramaturgo y traductor conversó sobre el reestreno de la obra que protagoniza junto a Diego Capusotto y Andrea Politti en el Teatro Metropolitan. Una pieza que, bajo una estética de cine antiguo, disecciona con crudeza la actualidad argentina.
Una sátira sobre la apariencia y la decadencia
Spregelburd explicó que la trama de la obra, escrita por Lucas Nine y Nancy Giampaolo, se centra en los Sobrado Alvear, una familia patricia que ha caído en la ruina. Según el actor, el eje del conflicto radica en la decisión de los protagonistas de ocultarse en baúles para fingir que están de vacaciones en Europa, evitando así que su entorno note su fracaso económico.
Al respecto, el protagonista señaló que, si bien la pieza utiliza una estética de cine de los años 40 en blanco y negro para generar distanciamiento histórico, su mensaje apunta directamente al presente. Para Spregelburd, la necesidad de sostener una ficción personal es uno de los rasgos más característicos de la identidad argentina y consideró que la obra dialoga con un fenómeno actual: el de los sectores que defienden intereses ajenos para construir un relato placentero sobre su propia realidad.
El trabajo con Diego Capusotto
Sobre la dinámica de trabajo en el escenario, el dramaturgo manifestó que compartir elenco con Diego Capusotto es una experiencia inspiradora. Describió al humorista no solo como un gran actor, sino como un creador de lenguajes que habilita al resto del elenco a explorar registros excesivos y desmesurados que raramente se permiten en el teatro convencional. Asimismo, subrayó la calidez y generosidad de Capusotto fuera de escena, desmitificando la idea del “payaso triste” y destacando el clima de diversión que impera en el equipo.
El lenguaje como escuela y trinchera
En su faceta como traductor y miembro de la Academia Argentina de Letras, Spregelburd profundizó en cómo el habla define a las personas. Explicó que la traducción ha sido su gran escuela de escritura, ya que le permitió entender que el lenguaje no solo comunica, sino que muestra síntomas de una época y un lugar.
El actor criticó la tendencia global hacia un “acento neutro” en la industria audiovisual, calificándolo como un lenguaje imperial que borra las marcas de identidad. En contraposición, defendió el teatro como un arte estrechamente ligado al “espíritu del lugar”, asegurando que las raíces y los localismos son lo que permiten que una obra tenga una verdad propia, incluso cuando logra la paradoja de ser entendida en otras latitudes como Roma o París.
La función social del arte
Hacia el final de la conversación, Spregelburd reflexionó sobre la utilidad del teatro. Aunque comenzó afirmando que el arte no sirve para nada “aparentemente útil”, argumentó que su valor reside en la capacidad de crear situaciones experimentales que flexibilizan el concepto de lo humano. Concluyó que el teatro es un ejercicio de comunión donde el espectador acepta una mentira para atravesar una experiencia profunda que, aunque desaparece al cerrarse el telón, resulta vital para el bienestar emocional e intelectual de las personas.
